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Ellos fueron los primeros. Fueron leyenda, y luego fueron olvidados. Ahora han vuelto... para ser más grandes que nunca.
 
JSA

JSA #48
El don de la inocencia I
Corazones de tiza

Guión: Tomás Sendarrubias

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Seúl, Corea del Sur.

-Bien, ¿quién va a limpiar todo esto?

Hawkgirl cruzó los brazos, mirando a su alrededor y negando con la cabeza. Se encontraban en un polígono industrial de la capital coreana, rodeados de naves industriales que habían sido víctimas del ataque de un enajenado procedente de Corea del Norte. Wildcat lo había definido como "un tío lo suficientemente inteligente como para diseñarse una armadura de combate y un ejército de robots, pero lo suficientemente idiota como para querer castigar un sistema de producción a través de sus trabajadores". La muerte del tirano que había gobernado Pyongyang durante años, había sido el disparador que ese hombre había necesitado para perder el control, y había atacado uno de los grandes centros de producción de la capital surcoreana.

Y ahora, "Estrella de Guerra Roja", como se hacía llamar, había caído aplastado por Black Adam, y Thunderbolt había convertido todo el metal de los robots en malvavisco, que había estallado, llenando las paredes y el asfalto de la calle de una sustancia pegajosa y con olor dulzón. Hawkgirl sonrió, y Jakeem puso los ojos en blanco.

-Thunderbolt, limpia esto-gruñó el muchacho, y de inmediato, el relámpago púrpura centelleó a su alrededor, haciendo desaparecer toda aquella sustancia, para regocijo tanto de los trabajadores a los que la Sociedad de Justicia habían rescatado, como de las autoridades, que ya se habían personado y que empezaban a tramitar todo el papeleo necesario para la detención de Estrella de Guerra Roja con Doctor Midnight y Destino. Black Adam vigilaba la zona a varios metros de altura, con los brazos cruzados y su característica mirada en la cara, y Ártemis y Flash recorrían las calles, asegurándose de que no había quedado ninguno de los robóticos aliados de Estrella de Guerra Roja que el relámpago de Jakeem no hubiera alcanzado. Después de lo de Nightwing1, Centinela había cogido un tiempo para pasarlo con su hijo y recuperarse de las heridas sufridas, tanto las físicas como las espirituales. Y Wildcat y MisterTerrific seguían lo que ocurría desde el Palacio de la Justicia, en Shiruta. Kendra miró a Jakeem, y vio el ceño fruncido del muchacho.

-¿Aún te dura el enfado?-preguntó ella, y Jakeem se volvió para mirarla con tanta velocidad que Hawkgirl temió que el chico se partiera el cuello.

-No estoy enfadado y no sé de qué estás hablando-respondió él, desviando de nuevo la mirada hacia Black Adam, y luego al resto de sus compañeros, como tratando de evitar a Kendra.

-Sigues enfadado porque Courtney aceptó la invitación de los Titanes2, y va a pasar algún tiempo con ellos.

-¿Qué me importa a mi con quién se va la pija?-protestó Jakeem, mientras Thunderbolt volvía, envolviendo al chico en una espiral de chispas púrpuras-. Cuanto más lejos mejor, dejará de acaparar la televisión grande del salón para ver Crepúsculo una y otra vez. Con un poco de suerte, los Titanes podrán meterle algo de sentido común en la cabeza, y le enseñen la diferencia entre vampiros y chupacabras...

-Sabes que puedes ir con ellos cuando quieras, ¿verdad?-dijo Kendra, y el muchacho se encogió de hombros.

-¿Por qué iba yo a querer ir con los Nuevos Nuevos Jóvenes Titanes o como quieran llamarse?

-Por estar con gente de tu edad. Cada vez que miras a tu alrededor debes tener la impresión de estar en un geriátrico.

-Tú no eres mucho mayor que yo.

-No por fuera, pero recuerda que soy la reencarnación de una princesa egipcia. Eso me convierte en la segunda más mayor, después de Black Adam. Y bueno, Ártemis debe estar también por ahí...

-Pues que bien, sois todos viejos como el Rey Tut-gruñó Jakeem, cruzando los brazos-. ¿Nos vamos ya?

-No tardaremos mucho, parece que Lytta y Pieter ya están terminando con las autoridades coreanas-respondió Kendra, encogiéndose de hombros. Jakeem llevaba dos semanas enfurruñado, y parecía que aquel día no iba a salir de su mal humor. Escucharon pasos tras ellos, y vieron que Ártemis se acercaba, Kendra casi se lo agradeció, se estaba quedando sin tema de conversación con Jakeem.

-Michael quiere que examinemos una de estas naves-dijo la amazona, y al ver que Jakeem enarcaba las cejas, se encogió de hombros-. Tiene lecturas de electricidad en un subterráneo de una nave industrial que se supone que está cerrada. Quiere que verifiquemos que no se trata de una base secundaria de aquí el revolucionario, y que empiecen a salir robots malvados cuando estemos a dos mil kilómetros de aquí.

-Oh, venga ya-protestó Jakeem, poniendo los ojos en blanco-. ¿Es que no nos vamos a ir nunca de aquí?

-J.J, para hacer lo que haces en tu habitación, tienes tiempo de sobra en cualquier otro momento-replicó la amazona, haciendo que el muchacho abriera los ojos como platos y comenzara incluso a sonrojarse.

-¿Qué... qué... qué...?

-Venga ya, Ártemis, pongámonos en movimiento antes de que a nuestro pequeño mandril le dé una embolia-sonrió Kendra, haciendo que Jakeem se sintiera aún más incómodo-. Vente, chico mágico, te prometo que aquí acaba el tema.

Ártemis sonrió de nuevo y se dirigió, a través del entramado de retícula de calles de la zona industrial, a una gran estructura de hormigón, con puertas de acero y aspecto abandonado. Las escasas ventanas estaban tapadas con maderas, y sobre la puerta, aparecía escrito en coreano el nombre de la empresa.

-Thunderbolt, ¿qué pone?-ordenó Jakeem, y las palabras resplandecieron unos instantes con luz púrpura antes de pasar al alfabeto latino. KonEm-Huat Logística-. Esto tiene pinta de llevar años cerrado.

-Sí-asintió Kendra, soltando de su cinturón una maza que balanceó en la mano antes de golpear con fuerza el cierre de la puerta metálica. Con un chasquido, la cadena que unía las dos hojas se rompió, y el candado cayó al suelo. Hawkgirl abrió las puertas, empujando, y de inmediato les recibió un olor a viejo, a humedad y a polvo que les hizo toser. El interior parecía tan desolado como el exterior, con manchas de humedad y moho en muchos puntos, restos de pintadas y grafitis en las paredes, y herramientas de trabajo dispersas aquí y allá.

-Luz-ordenó Jakeem, y Thunderbolt resplandeció tras él, iluminando el amplio espacio vacío con una luz de tintes morados que parecía darle un aire aún más lúgubre al lugar-. Las máquinas de Terrific deben estar estropeadas, aquí no hay un subterráneo-declaró el chico tras echar un vistazo.

Ártemis asintió, con el ceño fruncido. Y sin embargo, la amazona preparó una flecha y tensó el arco. Había algo allí que le ponía los pelos de punta.

-Michael-dijo Kendra a través de su comunicador de la Sociedad de Justicia-. Revisa tus lecturas, por favor.

-La información es clara, Kendra-escucharon decir a MisterTerrific a través del comunicador-. Hay lecturas de movimiento eléctrico debajo de vosotros, un cableado completo. Y activo. He escrutado toda la zona por satélite, no hay dudas.

-Bien-masculló Jakeem-. ¡Thunderbolt, despeja la sala!

Con un gesto de asentimiento casi imperceptible, la criatura de pura energía mágica procedente de la Quinta Dimensión, obedeció la orden de J.J, apartando todo el polvo del suelo, arrojando las escorias a los rincones, y revelando el suelo que había bajo toda esa capa de mugre. A unos cincuenta metros de Ártemis había una trampilla metálica, que había estado cubierta de suciedad, lo que la había ocultado de sus ojos.

-Vale, Michael, tenemos la entrada-informó Kendra.

-Tened cuidado-respondió Mister Terrific.

Kendra se acercó a la trampilla, y se arrodilló a su lado, tirando de las hojas metálicas hacia arriba, abriéndolas con un golpe seco. El olor a podrido que llegó desde abajo casi hizo que Hawkgirl se desmayara en ese mismo instante.

-¿Pero qué demonios...?-masculló Jakeem, dando un paso atrás, mientras Ártemis se dirigía junto a Hawkgirl, que tosía al lado de unas escaleras que descendían hacia lo que debía ser un espacio subterráneo. Unas toscas escaleras se hundían en el suelo, con las paredes revestidas de cemento, y al fondo, se veía el resplandor de una luz eléctrica que parecía venir de algún lugar allá abajo.

-Voy delante-dijo Ártemis, sin dejar de apuntar con el arco. La escasa luz ambiente era más que suficiente para la amazona.

-¿A qué huele aquí?-masculló Jakeem, adentrándose en las escaleras tras Ártemis y Hawkgirl, y las dos se encogieron de hombros-. Thunderb...-comenzó a decir, pero la amazona se detuvo en seco.

-Atenea bendita...-susurró.

Habían alcanzado el recinto inferior, el lugar que Michael había detectado a través de su vigilancia satélite de la zona, una única estancia de unos cien metros de longitud, veinticinco de ancho y unos dos metros y medio de altura. Y allí, hacinadas, había al menos sesenta camas, todas ellas ocupadas por niños de aspecto asiático, de ambos sexos. El aire estaba caldeado por una calefacción artificial, y sin embargo, los críos parecían ateridos. El olor venía de sus camas, a las que estaban encadenados, atados a sus heces, a su propia orina, sin ningún tipo de ventilación en la sala, iluminada por una luz eléctrica blanca, aséptica.

Sesenta pares de ojos desesperados se volvieron hacia ellos, en un completo silencio provocado por el miedo y la desesperación. Mientras Kendra y Ártemis miraban asqueadas a su alrededor, Jakeem sintió el sabor de la bilis en la boca, y no pudo evitar vomitar en un rincón. Si el infierno existía, desde luego, era ese lugar.

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Ártemis estaba agotada, y para un Amazona, eso era realmente inaudito. Estaba sentada frente a la nave industrial, con una botella de agua mineral en la mano y un sándwich de pavo sin empezar a su lado. Sólo pensar en comer le revolvía el estómago. Los servicios médicos de cuatro hospitales cercanos habían trabajado durante horas para atender a todos los chicos y chicas que habían encontrado en el subterráneo. Gracias a Hera, todos habían sobrevivido, aunque seis de ellos estaban realmente graves. Las condiciones del lugar eran del todo infrahumanas, y el peor de los casos, probablemente tuviera una septicemia. Pieter había coordinado el trabajo de los cuatro hospitales, y había tratado a muchos de los niños allí mismo. Todos habían trabajado al ciento cincuenta por ciento durante todo el tiempo que había durado el trabajo con los niños, y de hecho, Adam había tenido que prohibir expresamente a Michael que se dirigiera hacia Corea, ya que pensaba que podía hacer más con toda la tecnología que tenía a su disposición en el Palacio de Justicia, apoyando a la policía coreana. En momentos como ese, incluso el tercer hombre más inteligente del mundo, parecía perder la perspectiva.

Lytta se acercó a ella, pálida. El contorno de sus ojos se había hinchado notoriamente, como si hubiera estado llorando, y se dejó caer, cansada, junto a Ártemis.

-¿Dónde está Eclipso cuando se le necesita?-masculló Lytta- Necesito golpear a alguien. Mucho.

-Niños-dijo Ártemis-. ¿Quién puede querer hacer algo así a niños?

-Algunos de ellos... tenían la edad que tendría mi hijo3, ¿sabes?-susurró Lytta, y Ártemis percibió la mezcla entre furia y dolor que mostraba-. J.J...

-Lo superará, es un chico fuerte

-Sigue ahí abajo, asegurándose de que no hay nadie más. Ni pasillos, ni otros subterráneos. Thunderbolt ha examinado toda la zona. Tres veces. Y él sigue sin querer salir de esa... sala.

Adam se acercó a ellas, con el ceño fruncido, lo que no suponía ninguna novedad, pero había un brillo en sus ojos que hizo que Ártemis se sobresaltara. Probablemente, como Lytta, estaba pensando en su propio hijo, muerto milenios atrás.

-Kendra ha ido a preparar la nave, volvemos a casa-dijo Black Adam, y Ártemis asintió, encogiéndose de hombros-. Pieter se va a quedar unos días para colaborar con los médicos, la policía coreana e Interpol se van a encargar del resto.

-¿Del resto?-preguntó Lytta, y Adam asiente.

-La policía ha encontrado un portátil en un desván. Michael lo ha desencriptado, estaba previsto trasladar a los niños pasado mañana. Hong-Kong, Shangai, Tokyo y Manila eran algunos de los destinos.

-¿Los iban a vender como esclavos sexuales?-masculló Lytta, y se dio cuenta de que lo había sabido desde el principio, desde que los había visto, pero se había negado a reconocérselo a sí misma. Black Adam asintió.

-La policía cree que todo esto forma parte de una red de tráfico de prostitución infantil. La punta del iceberg, ya sabéis.

-Si ese loco no hubiera atacado aquí...-farfulló Ártemis, pensando en el destino que hubiera esperado a esos niños si MisterTerrific no hubiera detectado su presencia por casualidad-. ¿Y nos vamos?

-Sí-respondió Adam-. Nuestro trabajo aquí ha...

-No ha hecho más que empezar-le interrumpió la Amazona, y Lytta se dio cuenta de que tenía los puños tan apretados que los nudillos se le marcaban, blancos.

-La Sociedad de la Justicia no...

-No lo digas, Adam-le volvió a cortar Ártemis-. ¿De verdad crees que podemos irnos de aquí como si no hubiera pasado nada? ¿Qué podemos volver a casa y mañana luchar contra... Despero, porque ese sí es nuestro deber? Aquí hace falta Justicia, Adam. Y yo voy a buscarla. Porque si esto es sólo la punta del iceberg, puede haber centenares más de niños en estas condiciones, y destinados a satisfacer los deseos obscenos de... de auténticos monstruos, condenados a vivir por debajo del mundo, y a morir antes de los dieciocho años por sobredosis, por SIDA o asesinados por uno de sus clientes con unos gustos más particulares. ¿Podemos apartarnos de todo esto? Y cuando la semana que viene, o el mes que viene, o el año que viene, la televisión haga un reportaje sobre esclavos sexuales en Bangkok o algo parecido, ¿qué haremos? ¿Diremos simplemente "que pena" y esperaremos a que alguien rehaga Kobra para enfrentarnos a un enemigo "de verdad"? Se supone que somos los héroes, Adam, la puta Sociedad de la Justicia...

-Y tenemos un papel que cumplir, Ártemis-dijo Adam-. Y la policía tiene el suyo. No podemos perdernos en casos que les corresponden a ellos, no podemos...

-Podemos y debemos-gruñó ella-. Y si realmente crees que no, Adam, no eres digno de formar parte de la Sociedad de la Justicia, de formar parte de este espejo en el que se miran el resto de los héroes. O yo estaba equivocada cuando acepté suplir a Hipólita, y en ese caso, podéis regresar a Kahndaq, y yo volveré a Themyscira para reunir un grupo de Amazonas y buscar a los culpables de todo esto.

Black Adam guardó unos segundos de silencio, con los ojos fijos en Ártemis, que aguantó la mirada del rey de Kahndaq con los brazos cruzados ante el pecho y sin parpadear. Finalmente, Adam apartó la mirada, dirigiéndola hacia Lytta.

-Supongo que tú estás de acuerdo-dijo Adam, y Destino asintió-. Hablaré con Michael y le diré que nos haremos cargo de esto. Jaque Mate tendrá que encargarse de los permisos internacionales.

-Bien-replicó Ártemis.

-Bien-contestó Adam, alejándose para hablar con Medianoche, Hawkgirl y Jakeem, e informarles de los cambios de planes, mientras Lytta se giraba con las cejas enarcadas hacia la amazona.

-¿Qué ha sido eso?-preguntó, y Ártemis la miró como si no entendiera a qué se refería-. ¿Desde cuando Adam y tú... tenéis un lío?

-No tenemos ningún...

-Sí, si lo tenéis. Esta conversación ha sido... wow.

-Lytta, no...

-¿Me vas a obligar a usar un hechizo de detección de la verdad?

-¿Estás bien con Pieter?-preguntó repentinamente Ártemis, y Lytta abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Yo estoy igual con Adam.

-Pero Pieter y yo no...

-Exactamente igual que Adam y yo...-sonrió Ártemis, y finalmente, Destino asintió, tomando de pasada la mano de la amazona entre las suyas e incorporándose-. Si vamos a hacer esto, hagámoslo bien. Volvamos dentro.

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Isla de Okinawa, Japón.

El viaje estaba preparado, a pesar de todo lo que habían tenido que correr para conseguirlo, los catorce niños que estaban en Japón saldrían pronto hacia San Francisco. Las noticias de que la célula de Corea había sido descubierta por la policía, habían llegado hasta Japón, y de inmediato, MinoriAkenara había comenzado a prepararlo todo para poner a los niños en movimiento.

Mientras sus hombres se encargaban de sacar a los críos del subterráneo y subirlos apresuradamente al camión (un camión falso de Coca-Cola), Akenara se estaba asegurando de no dejar registro alguno de su presencia allí. Había borrado el disco duro del ordenador, magnetizado el disco duro, eliminado las escasas notas que se habían podido tomar a mano en algún momento, y liberado un virus que cubriría su rastro, haciendo prácticamente imposible que encontraran la ruta que utilizarían para salir del país, así como su punto de destino, o de donde llegaban las órdenes.

-Señor4-dijo uno de lo hombres, y Akenara se giró hacia él. Era uno de los operarios que habían trabajado para él, uno de los hombres que había estado subiendo a los niños en el camión-. Ya están todos, estamos listos para salir.

-Estupendo-respondió Akenara, y sin más, desenfundó la pistola que llevaba en su sobaquera y disparó en plena frente al trabajador. No dejar pistas significaba no dejar pistas. MinoriAkenara salió de la sala en la que se encontraba, pasando por encima del cadáver, de cuya frente, marcada por un círculo perfecto, como trazado con una moneda, brotaba un hilo de espesa sangre casi negra, y se dirigió al garaje, donde tendría que matar a otros dos hombres, y conducir él mismo el camión. Al fin y al cabo, tampoco era la primera vez que hacía algo así.

El silencio le sorprendió, aunque tardó unos instantes en darse cuenta de que era la falta de ruido lo que provocaba su inquietud. Echó una mirada dentro de la sala donde habían estado los niños, una habitación pequeña con diez camas (cuatro de ellos llevaban una semana durmiendo en el suelo, sabía que no cabían allí cuando los adquirió, pero los problemas de aquel orfanato chino eran demasiado atractivos como para dejarlos pasar), y asintió al verla vacía. En un rincón había una muñeca de trapo, sobre la que la mirada de Akenara resbaló como si fuera invisible. Sin frenar su paso, subió por unas escaleras que se dirigían a la dársena de salida de aquella nave industrial, pistola en mano.

Escuchó un chasquido, y acto seguido, sintió un dolor sordo que le arrancaba desde el hombro, y un empujón con tanta fuerza que perdió el apoyo de los dos pies, cayendo varios pasos hacia atrás. Una pesada flecha empenachada con plumas doradas trenzadas en espiral aparecía por su hombro, por debajo de su clavícula. Akenara abrió los ojos sorprendido y trató de apuntar con la pistola, pero sólo en ese momento fue consciente de que la había soltado cuando la flecha le había alcanzado.

Ante él, había una mujer vestida con algo que parecía una armadura dorada y con un gran arco, en el que ya había preparado una segunda flecha. Al menos dos docenas más aparecían en el gran carcaj que llevaba a su espalda, y a Akenara le parecieron de lo más amenazadoras.

-¡No diré nada!-gritó Akenara, y Ártemis sonrió.

-Mejor-dijo la Amazona, y con un resplandor dorado, Destino apareció tras ella, y aquel yelmo de oro y sin rostro le pareció a Akenara lo más terrible que había visto en su vida. Notó una repentina calidez en su pierna, y se dio cuenta de que se había orinado.

-Esto es lo que pasa cuando tratas con adultos, ¿no?-masculló Destino-. No te preocupes, no hace falta que cuentes nada-una especie de puñal de luz dorada aparece en su mano, en forma de ankh-. Tengo formas de convencerte de lo contrario.

Sin voz, Minori Akenara comenzó a gritar.

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1.- Si no sabes de lo que estamos hablando, ponte a leer la saga Amanecer en Escarlata.

2.- En Titanes 60, aquí en DCTopia.

3.- Daniel, el hijo de Lytta y Héctor Hall, actualmente conocido como Sueño de los Eternos...

4.- Traducido del Japonés.

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JUSTICIA PARA TODOS

Recuperamos la normalidad en JSA, y lo hacemos con una trama que he decidido seguir a instancias de uno de nuestros nuevos fichajes, Carlos Fortuny, al que tendremos en Young Justice y otros trabajos que vendrán. Tras estudiarse concienzudamente lo que habíamos escrito hasta su llegada en DCTopía, Carlos me llamó la atención sobre el exceso de épica que había en la mayor parte de las historias de la JSA... y en casi todo lo que escribo, la verdad. Y es que soy un dramático al que le gusta poner un apocalipsis en cada esquina. Pero la idea de escribir algo sobre el tráfico infantil me rondaba desde hacía tiempo atrás... y he decidido desarrollarla aquí, en JSA. Nuestros héroes van a dejar de mirar el cielo para mirar al interior más sucio del ser humano. Espero que os guste.

 
 
   
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