DAREDEVIL #371
Palos de ciego
Guión:
Bergil
Portada: Dibujada por Lee Weeks. Se ve al Daredevil del traje acorazado desplazándose por los tejados, mientras la sombra de una cabeza de la que sobresalen dos cuernecitos se proyecta sobre la escena.
Cuando las fuerzas de seguridad llegaron al almacén en el que
había tenido lugar la reunión, ni uno sólo de los
capos que se habían reunido en su interior hacía tan sólo
unos minutos permanecía en los alrededores. Todos se habían
retirado tan rápida y discretamente como les fue posible a sus cuarteles
generales, maquinando planes de venganza contra Wilson Fisk. Que era exactamente
lo que Kingpin esperaba que hicieran.
Todos... menos uno.
Los servicios sanitarios rodeaban el cadáver que
habían encontrado hacía unos minutos. Uno de los enfermeros
se acercó al cuerpo y lo contempló, pensativo. Acercándose
a la cabeza del cadáver, y haciendo un esfuerzo, retiró el
cascote que cubría la cara del infortunado...
- ¡Robot! -exclamó, levantándose sorprendido-.
¡El maldito cadáver es un robot!
Ante su exclamación, sus compañeros se volvieron hacia
él, extrañados. Antes de que pudieran acercarse para contemplar
la figura caída, ésta estalló. El haberse levantado
fue probablemente lo que salvó la vida al enfermero. Recibió
de lleno la onda expansiva, y salió despedido hacia atrás.
Aunque tuvo que pasar unas semanas en el hospital, finalmente se recuperó
sin que le quedaran secuelas físicas... aunque desde entonces se
acercaba con gran precaución hasta a las tostadoras.

Pocos minutos después, una camioneta sin distintivos externos
llegaba al lugar. De ella descendieron un grupo de personas vestidas con
monos de trabajo que procedieron metódicamente a recoger todos los
restos del androide que eran perceptibles a simple vista, y luego los que
no podían verse más que con aparatos especiales de aumento.
Cuando un agente de policía se acercó a preguntarles quiénes
eran, el jefe de la cuadrilla se limitó a enseñarle una tarjeta,
tras lo que el policía se retiró sin hacer más preguntas.
En la tarjeta aparecía el águila que constituía
el emblema de S.H.I.E.L.D. (1)
Sentado a solas en su despacho, Matt Murdock dudaba. Por
un lado, tanto sus sentidos desarrollados como su instinto de abogado,
pulido en innumerables e interminables sesiones de trabajo, le decían
que Betsy Walkers le estaba mintiendo total y descaradamente. El asunto
de su divorcio no era más que una charada destinada a mantener enfocada
su atención, a distraerle... ¿de qué?
Todo su cuerpo le pedía que hiciera saber claramente a la señorita
Walkers -si es que realmente se llamaba así, cosa que Matt dudaba-
que había descubierto su juego. Sería un modo de aliviar
la frustración que sentía ante su recuperación, que
sí, estaba teniendo lugar, pero no a la velocidad que él
desearía. Echaba de menos el silbido del vielto en sus oídos,
el deslizarse de las corrientes de aire cuando se balanceaba de un tejado
a otro, la satisfacción que le proporcionaban sus músculos
al flexionarse y estirarse para desplazarle de un lugar a otro. Y, ¿por
qué negarlo?, el desahogo que suponía el aporrear dos o tres
cabezas para meterles el respeto a la Ley.
Sin embargo, esos mismos instintos le decían que, si seguía
ese curso de acción, lo más probable es que Betsy Walkers
desapaeciera tan rápida y súbitamente como entró en
su vida, con lo que se quedaría en el mismo estado de ignorancia
en el que se encontraba ahora, pero con la desventaja de que ellos,
fueran quienes fuesen, estarían sobre aviso. Si, por el contrario,
lograba refrenar su temperamento sólo un poco más, era muy
posible que la señorita Walkers acabara traicionándose ella
sola. A pesar de que controlaba su voz admirablemente bien, Matt había
percibido, merced a su oído, que el pulso de su visitante se había
ido acelerando en las últimas entrevistas que habían mantenido.
Con que aguantara un par de entrevistas más...

En un laboratorio situado en las profundidades del Helitransporte,
un equipo de técnicos de S.H.I.E.L.D. se afanaba en el examen de
los restos recogidos. Los diseñadores del androide habían
sido extremadamente cuidadosos al implementar la secuencia de autodestrucción
del ingenio mecánico, puesto que los tres elementos que habrían
podido contribuir a identificar a la persona a la cual sustituía
-las manos (por las huellas dactilares), los ojos (por las retinas) y los
dientes- habían sido los primeros en quedar irrecuperables.
- Caballeros, parece que nos encontramos ante un callejón sin
salida. No hay manera de adicinar a quién estaba sustituyendo este
cacharro -dijo el jefe del equipo.
- No creo que eso le haga demasiada gracia al señor Dugan -dijo
el expecto en nanotecnología.
- Tienes toda la razón, jovencito -dijo una voz ronca a espaldas
del equipo-. No me hace pero que ninguna gracia.
El jefe de operaciones la agencia de inteligencia más importante
del planeta acababa de entrar en la sala, con un cigarro sostenido entre
sus dientes apretados. Sus subordinados le observaron en silencio, sabedores
de que cualquier cosa que dijeran sólo contribuiría a generar
un nuevo rapapolvo.
- Señores, quiero que no salgan de esta sala hasta que puedan
identificar sin lugar a dudas al listo que envió a un SDV
(2)
a palmarla en su lugar.
Mientras Dum-Dum daba media vuelta, los técnicos, con
un suspiro mental colectivo, volvieron a iniciar sus análisis.
A solas en su tienda, Melvin Potter se estrujaba las manos,
nervioso. El no saber nada de Betty desde hacía ya varios días
estaba poniéndole verdaderamente nervioso. En ese momento, sonó
el teléfono. Respirando profundamente, descolgó el auricular
y lo acercó a su oreja.
- ¿Diga?
- Hola, Melvin. ¿Cómo te encuentras?
- Bie... ¿quién es?
- Vamos, Melvin -dijo, burlón, su interlocutor-. No me digas
que no me reconoces. Voy a ofenderme...
- Ya le reconozco, ya le reconozco. ¿Qué es lo que quiere?
- ¿No habrás llamado a la policía,verdad, Melvin?
- ¡No! -exclamó-. Me dijeron que no lo hiciera...
- Y tú has sido un buen chico, ¿verdad? No quieres que
le pase nada a tu fulana, ¿verdad?
- ¡Bastardo! -gritó Melvin- ¡Como le hagas algo...!
- ¿Qué, Mevin? ¿Qué harías? ¿Acudir
a rescatarla, como un galante caballero con su brillante armadura? -se
burló. En seguida, su voz se volvió helada-. ¡No seas
estúpido, Potter! Si te atreves a hacer algo, cualquier estupidez
que se te ocurra, será ella quien pague las consecuencias. Lo sabes
muy bien.
- Sí, lo sé. Pero ahora escuhadme vosotros. Haré
lo que queráis, cualquier cosa que me pidáis. Pero no le
hagáis nada a ella.
- ¡Oh, Melvin! ¿Ahora suplicas?
- No -dijo Melvin. Su voz era varias decenas de grados más fría
que la de su interlocutor-. No es una petición. Es un aviso. Como
le hagáis algo a Betty, iré a por vosotros. Y no pararé
hasta encontraros y terminar con vosotros.

Desde la azotea de un edificio próximo al lugar
del desastre, Daredevil observaba en silencio la escena que se desarrollaba
a sus pies, sin que sus rasgos (los pocos que la máscara dejaba
al descubierto) permitieran percibir ninguna emoción. Había
llegado demasiado tarde para ser de ninguna ayuda en la evacuación
del edificio. Sin embargo, aquellos dos muchachos y el gigante de pelo
rojo parecían habérselas apañado bastante bien. Todos
los vecinos estaban reunidos en un grupo tembloroso. En ese momento, una
de las mujeres se separó del grupo y se dirigió hacia el
edificio. Fue interceptada por el forzudo pelirrojo, que, tras unos instantes
de conversación, dio media vuelta y se introdujo en el edificio,
seguido a la carrera por el muchacho de traje oscuro. Pocos minutos después,
el joven volvía a salir, con dos niños bajo sus brazos. Al
instante, un temblor sacudió el edificio, y un chorro de llamas
y humo salió por la puerta principal.
Mientras Daredevil todavía se preguntaba si debería o
no intervenir, una figura alta y musculosa, con una capa roja, descendió
desde el cielo, agarrado a un martillo de combate. Era imposible equivocarse:
el dios del trueno asgardiano había regresao a Midgard. Tras hablar
brevemente con los dos Guerreros, Thor comenzó a hacer girar a Mjölnir
para atraer la tormenta. El agua de la lluvia apagó el fuego, y
tras varios minutos de apartar cascotes encontraron el cuerpo del pelirrojo.
Thor se arrodilló a su lado durante unos minutos. Después
se levantó y, quitándose la capa, cubrió con ella
el cuerpo que yacía a sus pies. Tomándolo en sus brazos,
hizo girar una vez más su martillo y desapareció (3).
- Parecía un poco cabreado, ¿no creéis?
-dijo el interlocutor de Melvin cuando colgó el auricular.
- Bah, no te preocupes -dijo uno de sus compinches-. Sabe de sobra
que si se le ocurre hacer alguan tontería, nos cargamos a la chica.
- ¿Matarla? ¿A la chica? Pero...
- ¿Qué pasa? -terció otro- ¿Es que piensas
perdonar a ese tarado los años que te has pasado en la trena?
- No, pero... ¿un asesinato? Hasta ahora, nunca habíamos
hecho nada parecido, y..
- Y... ¿qué? Hay una primera vez para todo. No estarás
pensando en rajarte, ¿verdad? Y en echar todo a rodar...
- No, claro que no...
- Te digo que ese abogado tullido sospecha algo -dijo
Betsy
Walkers sin una pizca del acento aristocrático que empleaba
en sus visitas al bufete.
- ¿Y qué piensas hacer? ¿Abandonar?
- Bueno...
- ¿Y qué harías entonces? ¿Volver a tu
vida anterior? ¿Puta y actriz de tercera, a tiempo parcial? ¿Crees
que en esos trabajos ganarías siquiera en varios años lo
que nos han prometido?
- Sí, pero... ¿y si ese Murdock decide ir a la policía
con lo que sospecha y...?
- Con lo que tú crees que sospecha...
- ¿...y la pasma le cree? Podemos acabar entre rejas por más
tiempo del que podemos contar.
- En cualquier caso, suponiendo que te bajaras del barco como la rata
que pareces ser, ¿crees que él te dejaría tranquila?
No conviene hacerle enfadar, ya lo sabes. Una vida en zozobra es mejor
que ninguna clase de vida.
- Si lo pones así...
En un despacho del edificio de la WFSK, sus propietarios
hasta entonces estamparon sus temblorosas firmas al pie del documento por
el que vendían la cadena. Nada en la apariencia del hombrecillo
que se sentaba ante ellos justificaba el estado de zozobra en el que se
encontraban, pero el hecho es que sudaban profusamente y que a duras penas
lograban sostener la pluma. Cuando todo hubo concluido, el representante
de los compradores cogió cuidadosamente su copia y la metió
en una carpetilla, que a su vez introdujo en el maletín que descansaba
a sus pies. Tras cerrarlo con un doble clic, se levantó de
la mesa.
- Bien, caballeros, les dejo. Supongo que querrán regoger sus
cosas. A mis representados les gustaría tomar las riendas de la
cadena cuanto antes. ¿Lo comprenden, no es cierto? Buenos días.
Peter Slope y Martin Schaffer se miraron a los ojos. Ambos sabían
que, a pesar de haber sido pronunciada con total suavidad y cortesía,
la frase equivalía a una orden terminante: "Lárguense
de aquí... ¡¡¡YA!!!".
- Bueno, ya está, ¿no?
- Sí. Bien, yo me largo.
- ¿Dónde vas? Si me pilla de camino...
- No lo entiendes. Me largo... de la ciudad. Incluso de la Costa Este.
me voy lo más lejos posible.
- ¿Chicago?
Negativa.
- ¿Las Vegas? ¿Salt Lake City?
Nueva negativa.
- ¿California? ¿Los Ángeles, Frisco? ¿Seattle?
- No, todo eso está demasiado cerca. Creo que Hawaii es muy
bonito en esta época del año...
Ya era tarde, y Ben Urich se encontraba solo en la amplia
sala de la redacción de Local del Daily Bugle. Las noticias
sobre las actuaciones del nuevo Daredevil habían continuado llegando:
testimonios de un enfrentamiento con varios conocidos mercenarios, derrota
del Buitre y Urraca Asesina... El vigilante enmascarado parecía
no concederse descanso. Y, sin embargo, ni Urich ni Peter Parker parecían
estar más cerca de descubrir quién se ocultaba tras la máscara.
A solas en el taller de costura de su tienda, Melvin Potter
meditaba en silencio. No es que fuera un estúpido, pero siempre
había actuado más por instinto que siguiendo un plan preconcebido.
Y en aquellos momentos, lo que sus instintos le decían es que debía
ir hacia el armario, abrir la puerta y bajar la caja que descansaba en
el altillo, sacar el traje que permanecía allí, cuidadosamente
oculto en un doble fondo, ponérselo y acabar contra aquellos desgraciados
que habían secuestrado a Betty.
Sin embargo, no se movió. Permaneció sentado, con la
mirada perdida, mientras los minutos transcurrían lenta pero inexorablemente.
El teléfono sonó en el despacho de Rosalind
Sharpe. La propietaria de la firma lo miró en silencio, pero no
lo descolgó, mientras el timbre levantaba ecos en el despacho.
En una habitación oscura, en la trastienda de un
modesto comercio de la Cocina del Infierno, un ratero se afanaba en abrir
la puerta de la pequeña caja fuerte en la que el dueño guardaba
sus escasos fondos. Gruesas gotas de sudor resbalaban por su frente mientras
sus dedos hacían girar lentamente la rueda de la combinación.
Tal era su concentración que no oyó cómo, a su espalda,
una figura penetraba por la misma ventana que él había empleado
y saltaba al suelo con cierta torpeza. Sin embargo, sí reconoció
la voz que sonó tras él. Cualquier delincuente que operaba
habitualmente en la zona la conocía... y la temía.
- Tsk tsk tsk, Morty... ¿Es que no te enseñó tu
mamá a irte pronto a la cama?
(1) Supreme Headquarters
International Enforcement Law Division. Literalmente, Cuarteles Generales
Supremos de la División Internacional para el Cumplimiento de la
Ley, aunque lo de Cuarteles Generales Supremos no suele incluirse
en la traducción..
(2) Simulacros Dotados de Vida, androides
fabricados inicialmente por S.H.I.E.L.D., pero cuyo diseño obra
en poder de otras organizaciones, como es el caso de Hydra.
(3) Versión resumida de lo
narrado en las Historias de Midgard que aparecieron en El poderoso
Thor # 513 y 514.
Bienvenidos a Derecho
de réplica, el correo de los lectores
de la colección de Daredevil. Venga, no seáis tímidos
y escribid. Aquí me tenéis para resolver cualquier duda que
pueda surgir sobre el discurrir de la colección.
En el próximo número: ¿Quién
está detrás de Morty? ¿Qué hará Melvin?
Os espero en Daredevil # 372, el número
de Noviermbre, para descubrirlo.