MarvelTopia
Marvel
 
 
PORTADA
Picado por una araña radiactiva, el joven Peter Parker adquirió poderes increíbles, y bajo el nombre de Spider-Man se dedica a salvar al mundo de toda clase de amenazas...
 
Ultimate Spider-Man

ULTIMATE SPIDER-MAN #3
Origen III
Guión: Israel Huertas

-----

May y Ben Parker entraron corriendo en la habitación donde se encontraba su sobrino. Una alfombra de cristales rotos indicaba el camino hacia la ventana. Peter no estaba allí.

Sin saber lo que acababa de ocurrir, May soltó un terrible grito y Ben trató de consolarla mientras intentaba, mentalmente, hallar una explicación a lo ocurrido. De haber sabido lo que en realidad había pasado, probablemente los dos estarían gritando.

Apenas unos cientos de metros en el exterior del hospital, sobrevolando la isla de Manhattan, un extraño ser ataviado con un estrambótico disfraz de Halloween, llevaba al sobrino de los Parker en un peculiar paseo por las nubes.

El joven no sabía bien que estaba ocurriendo, pero la idea de pasear sus mal cubiertas vergüenzas por una bata de hospital por los cielos de la ciudad no hacía que se sintiera mejor.

- ¡Tranquilo, muñeco!- dijo la enmascarada figura-. No te he sacado del hospital para dejarte caer ahora. Eres mi premio. El premio que Octavius quiso negarme. ¡Te trataré como a un rey! Luego nos preocuparemos de los detalles, como tu nombre y otras cosillas sin importancia.

Peter decidió que ya tenía bastante. Si el capullo del deslizador no sabía quién era, igual tampoco sabía lo que acababa de aprender a hacer. Con una sutil pirueta, se zafó de la garra que le cogía y soltó una buena patada sobre la cabeza de su captor. El deslizador empezó a moverse sin control por los cielos y Peter empezó una larga caída hacia la cera.

Los pensamientos del muchacho eran tan confusos que le marearon. Pero, al límite de su consciencia, un reflejo de supervivencia hizo que alzara sus dos brazos, apuntando a un saliente que, con rapidez, se acercaba hacia él. Las hebras de telaraña brotaron de sus muñecas y se pegaron al edificio.

Asombrado y asqueado a la vez, el chico consiguió tensarlas y girar en el aire hasta subirse a un tejado cercano.

- Vale, vale - pensó Peter-. Primero me cuelgo de la pared del hospital y ahora suelto redes por las manos. ¡Soy un puto monstruo! ¡La araña! ¡La araña del laboratorio ha tenido que hacerme algo! ¿Y si me cambió y me volvió una especie de engendro entre hombre y araña? ¿Cuanto tardaré en querer comer moscas?

El pánico ante sus habilidades corrió a esconderse tras sus reflejos de nuevo: una especie de zumbido en la cabeza le hizo girarse a tiempo de esquivar el deslizador de su atacante. Saltó hacia un tejado en el otro lado y echó a correr por las azoteas.

El tipo disfrazado viró en su dirección y comenzó a perseguirlo.

- ¡Muchacho, correr solo hará que me cabreé aún más! ¡No te arriesgues a la ira del Duende Verde!

Peter había oído hablar de él en la televisión. Una especie de espía industrial con un afán insufrible por la teatralidad. Pero se suponía que era un rumor. Una especie de leyenda urbana.

Ahora parecía muy real, mientras volaba sobre su cabeza para cogerle. Todo esto lo percibía como un rumor lejano, pues sus piernas no dejaban de correr y saltar de tejado en tejado.

- Así no voy a lograr nada - pensó el chico -. Tengo que distraerle y luego perderme de vista.

Sus instintos tomaron de nuevo el control. Dió una voltereta sobre su hombro y se giró en dirección al Duende. Disparó dos hebras de su red, de nuevo, y acertó en el pecho de su perseguidor. Parado sobre el tejado, dejó que el deslizador le adelantara y, entonces, tiró con todas sus fuerzas. El Duende salió disparado, girando sobre sí mismo, hasta empotrarse contra la ventada del piso diecisiete de un edificio de oficinas cercano.

Desorientado, el Duende se levantó ante las miradas atónitas de los trabajadores de la oficina. Pulsó un botón oculto en su muñeca izquierda y saltó sobre el deslizador que, fielmente, se acercaba a la ventana.

Tras dos vueltas sobre los edificios colindantes, decidió volver a su guarida, muy cabreado por como había salido todo, aunque esperanzado por las capacidades que el chico había lucido.

- Eras brillante, Octavius - pensó el Duende-. Lástima que no quisieras colaborar.

-----

Un almacén en el puerto, casi al mismo tiempo que el ataque del Duende, acoge a otra de las víctimas del accidente de laboratorio.

El doctor Otto Octavius despierta torpemente. Su cabeza zumba. Algo metálico le ayuda a ponerse en pie.

Mareado, el doctor se tambalea, pero algo le sujeta y no le deja caer. Entonces se da cuenta de que son los cuatro brazos metálicos que le ayudan en sus experimentos los que le sostienen.

Horrorizado, se da cuenta que, ahora, forman parte de su cuerpo. Se han soldado a su cintura monstruosamente pero, por alguna extraña razón, no sucumbe a la desesperación. Por alguna extraña razón, los brazos le transmite una extraña paz y calma que evitan se vuelva loco.

Su garganta, dolorida por la explosión como el resto de sus miembros entumecidos, aún no articula sonido. Ni siquiera cuando uno de los brazos le enseña un objeto color naranja. Parece una bola del tamaño de una pelota de tenis, con una carcasa exterior de plástico. Quién quiera que la hizo, quiso que pareciera una siniestra calabaza. Otro de los brazos le muestra un fragmento de otra de ésas que, aparentemente, explotó.

Octavius reconoce la tarjeta de visita del Duende Verde, aunque también pensaba que no era real. También se da cuenta de que sólo una persona podría haberle enviado al Duende para destruir su laboratorio cuando iba a hacer público su hallazgo.

-----

May Parker está que se sube por las paredes de su vieja casa en Queens. La policía no la ha llamado aún y sigue sin saber nada de su querido sobrino. En la cocina, se prepara otro café ante la preocupada mirada de su esposo.

- Otro café no te va a calmar los nervios, tesoro - dice Ben, todo lo dulce que puede sonar dadas las circunstancias.

- Que vuelva mi niño es lo único que me puede calmar, pero así tengo al menos algo que hacer, Ben.

La puerta suena en ese momento. May y Ben corren hacia ella esperando el milagro. Al abrirla, un agente de policía lleva del brazo a su Peter, abrigado por una manta de la policía. May le abraza y le lleva al interior de la casa. Ben choca la mano del policía como agradecimiento.

- ¿Dónde estaba? ¿Qué le había pasado?

- Dice que no lo recuerda - responde el policía-. Por lo visto le pareció ver algo en la ventana del hospital y que, después de que estallara, perdió el conocimiento. Le hemos encontrado vagando a unas calles de aquí.

- Muchas gracias, agente - concluye Ben-. No podemos . . . muchas gracias, de veras.

Y entra con su esposa y su sobrino. Ella aún le abraza, ahora sentados en el sillón.

- ¡Menos mal que te hemos recuperado! - dice Ben, sentándose y abrazando a los dos -. ¡No sé que habríamos hecho de haberte perdido!

- ¡Este día ha sido un infierno de preocupaciones! - dice May -. Vamos a cenar algo y a dormir un poco, ¿de acuerdo?

- Vale, tía May - interviene Peter-. No creo que haya tenido tanta hambre en mi vida.

-----

La noche pasa y el amanecer no tarda en abrirse.

Pese a las quejas de su tía, Peter decide ir al instituto esa mañana. Ben le apoya, pues piensa que la normalidad le hará bien.

Peter, en realidad, no quiere quedarse en casa por si el Duende volviera a buscarle.

Todo el camino hacia el Midtown Hihg lo pasa mirando sobre el hombro. Cuando llega a la puerta, ni siquiera tiene tiempo de zafarse cuando alguien le aprieta fuertemente las costillas y los brazos: es Gwen que, contenta por verle de nuevo, le acaba de dar el único abrazo que, aparte de los de sus tíos, Peter ha recibido en su vida.

- ¡Me alegro de que hayas vuelto! - dice ella, aún abrazándole.

- Gwen, no puedo respirar - dice Peter, con voz entrecortada.

- ¡Oh, sí, lo siento! - dice ella, separándose pero sin dejar de sonreir -. ¡Creo que me he dejado llevar!

Peter sigue pensando en lo bien que ella huele y en el calor que acaba de sentir ante su abrazo.

Harry y MJ se acercan también.

- ¡Qué alivio, Peter! - dice Harry-. ¡No creo que hubiera podido aprobar química sin tí!

- Sí, claro - dice Peter-. En eso pensaba yo a cada segundo, no creas.

- Nos has dado un buen susto, Pete - interviene MJ-. Cuando desapareciste del hospital temimos lo peor.

- Pues, aquí estoy. La verdad, ha sido todo muy extraño. Sólo quiero volver a clase y olvidarme de todo esto.

- ¡Sólo Peter Parker pensaría en olvidarse de todo con unas horas de instituto! - concluye Harry.

Los cuatro compañeros entran en clase al toque de la campana. Uno de ellos no puede evitar seguir pensando en el abrazo de su rubia compañera ni notar como esta no deja de mirarle y sonreír en todo momento.

FIN DEL EPISODIO

-----

ENTRE REDES

Bueno, los que hayáis leído los dos primeros números de esta serie, supongo que estaréis algo cabreados por la duración de este episodio. Lo siento, sólo pretendo que cunda un poco más. También espero acabarla la Limited sin que tenga que venir otro escritor a hacerlo.

De momento, como habréis notado, la serie sigue con el mismo tono y no va a haber cambios drásticos a ese respecto. También, pretendo alejarme del Ultimate de Marvel e intentar hacer algo propio. He recurrido a las telarañas orgánicas más por tiempo de desarrollo que por necesidad imperiosa. Ya me diréis lo que os parece.

El planteamiento inicial es que la Limited sea de seis números, pero no quiero alargarme con los detalles del origen ni tampoco salpicarla de cabos sueltos.

En fin, eso es todo de momento. Hablaremos más adelante.

 
 
   
www.marvel.com
(1) All characters and the distinctive likenesses thereof are Trademarks of Marvel Characters, Inc. and are used with permission.
(2) Copyright © 2003 Marvel Characters, Inc. All Rights Reserved.