Daredevil #366

Daredevil #366De niño, el hijo de Jack Batallador Murdock quedó ciego a causa de un trágico accidente. Ahora, cuando el sistema legal no resulta suficiente, el abogado Matt Murdock adopta su identidad secreta y se convierte en… Daredevil

#366 – Bailando con el diablo
Por Bergil


Fecha de publicación: Mes 24 – 4/00


– ¿Así que se trata de eliminar a Daredevil? ¿Y quién paga? -preguntó Onda de Choque-. No es que tenga excesiva importancia, claro, pero me gusta saber para quién trabajo.

– La maf… -comenzó a decir Zaran.

– ¿De verdad quieres saberlo? -le interrumpió Cuchilla.

– Bien, en realidad tampoco es tan importante, ¿no? -rectificó Onda-. Quiero decir, con que nos paguen cuando acabemos el trabajo tendremos suficiente.

Si acabamos el trabajo -dijo Zaran.

– Bueno, ¿y cómo vamos a hacerlo? -siguió preguntando Onda.

– Este es el plan -dijo Cuchilla-. Sabemos que suele actuar por la zona de la Cocina del Infierno, así que podríamos actuar por allí hasta que aparezca… que lo hará.

– ¿Quieres decir ponerle un cebo? -preguntó Zaran-. Pero eso es…

– ¿Poco honesto? ¿Poco honorable? -replicó, burlonamente, Cuchilla-. ¿Poco… heroico?

– Bueno, sí, pero…

– ¡Despierta, Zaran! -si Cuchilla hubiera tenido manos, le habría abofeteado-. ¡Lee los periódicos! ¡Que por algo nos llaman villanos, hombre!

– A algunos, incluso, nos llaman supervillanos… -intervino Onda de Choque.

– ¿Y por qué? -replicó Zaran, rahaciéndose-. Sólo porque te has puesto ese estúpido traje y esas manoplas… Sí, yo creo en una lucha honorable, en mi habilidad contra la de mi contendiente. ¿Qué hay de malo en eso? Si hemos de recurrir a subterfugios y añagazas, ¿qué nos queda? ¿Qué satisfacción hay en la victoria, entonces?

– Nos queda la pasta, hombre -dijo alegremente Onda de Choque.

Zaran no respondió.


Como era su costumbre, Rosalind entró en el despacho de Matt si llamar siquiera a la puerta.

– Buenos días, Matthew. ¿Cómo estamos hoy?

– …

– Ya te ví el otro día por la televisión. Muy bonito, muy filantrópico, eso de ayudar a quien no puede pagarse un abogado. Pero no creé esta firma para hacer caridad, Matthew, sino para conseguir dinero e influencia. Y eso no lo vamos a conseguir mientras tú sigas haciendo de buen samaritano, sino dedicándote a casos como el de Ms. Walkers, que son los que dan dinero.

– ¿Y tú cómo lo sabes? -preguntó Matt, satisfecho de poder meter baza en la conversación.

Rosalind titubeó un momento. Matt pudo percibir que su pulso se había acelerado, y que la temperatura de su rostro había subido. «Debe de estar poniéndose colorada«, pensó.

– Eso no es lo importante -dijo Rosalind, reponiéndose-. Lo importante es que, si quisiéramos ayudar a todos los que lo necesitan y no pueden permitírselo, no estaríamos en este despacho, sino en el turno de oficio. Así que piensa qué es lo que prefieres, Matthew, y obra en consecuencia.

– Perdona, Rosalind, pero es importante. Si la confidencialidad con mis clientes no es respetada , porque, la verdad, no veo otra vía por la que puedas estar enterado de los pormenores de ese caso, me estás poniendo muy fácil decidir en la alternativa que me has planteado. Demasiado fácil, Rosalind.


– Foggy, he tenido una idea -oyó Foggy cuando descolgó el teléfono.

– ¿Sí, Liz? ¿De qué se trata?

– Verás… he pensado que, quizá… bueno, ¿tú crees que Matt y Karen aceptarían salir a cenar en una cita doble?

– Bueno, Liz, eso es…

– No, no digas nada, ya veo que ha sido una mala idea. Debí haberlo comprendido, es demasiado pronto…

– Pero Liz…

– Nada, nada, que lo olvides.

– ¡Es una idea estupenda, Liz!

– ¿Qué?

– Que pienso que se trata de una excelente idea. Desde que sufrió su… accidente, Matt ha estado volcándose en el trabajo, sin concederse un solo momento de respiro. Pienso que una cena les servirá a él y a Karen de distracción. Eso sí, espero no meter la pata diciendo algo inconveniente…

– No te preocupes, Foggy, tú siempre tienes la palabra justa.

– Aduladora.

– Cariñito.

– Pocholina.

-…

-…


Había hecho muchas cosas a lo largo de su vida que la mayoría consideraban reprobables, pero él no se arrepentía de ninguna de ellas. Lo único que lamentaba era haber delegado, haber permitido que otros llevaran a cabo sus deseos, en vez de encargarse él personalmente. Había ciertas cosas que una persona debía hacer por sí misma, o corría el riesgo de perder el respeto de sus adversarios. Y en un mundo tan peligroso como aquél, seguir esa línea de conducta era lo mismo que suicidarse.

Por ello, volvería a tomar el control otra vez, empezando desde el principio, desde la base. Sin prisa, pero sin pausa, recuperaría la posición de la que no hacía tanto tiempo disfrutaba, y esta vez no la perdería. No volvería acomenter los mismos errores, mantendría la cabeza fría y no se obsesionaría. Eliminaría cualquier obstáculo que se interpusiera entre él y la cumbre; metódicamente, ascendería peldaño a peldaño. Y cuando llegara a la cima, nadie sería capaz de desalojarle de nuevo.

Y todo ello comenzaría aquella noche.

– Adelante -dijo, y un despliegue de fuerzas como no se había sentido desde la última guerra de bandas se puso en movimiento.


– Disculpa, Matt… -dijo Foggy, llamando a la puerta del despacho de su amigo-. ¿Puedo pasar?

– Claro, Foggy, cómo no. ¿Qué quieres?

– Pues verás, había pensado que… es decir, Liz ha pensado que, quizá,… o sea, que si no tienes nada que hacer…

– ¿Sí, Foggy?

– QuesinotenéisnadaquehacerKarenytú, podríaissalirestanocheconLizyconmigoacenar -dijo Foggy de un tirón-. ¡Buf! Hala, ya lo he dicho.

– Por mí de acuerdo, Foggy. Me parece una idea la mar de buena. Tente ahí un momento, que llamo a Karen y se lo pregunto.

-…

– ¿Sí? ¿Karen? Oye, soy Matt… Sí, me encuentro bien, gracias… Oye, Karen, ¿tienes algo que hacer esta noche?… ¿Qué es tu noche libre? Estupendo… ¿Que por qué lo pregunto? Oh, por nada. Es sólo que Foggy me ha propuesto que salgamos a cenar con él y con Liz… ¿Cómo que qué Liz? Liz Allen-Osborn, mujer… Vale, vale, no te me enfades… De acuerdo, pues. Cuando salga de fisioterapia paso por casa, me ducho y salimos para cenar. Eso será, más o menos, como a las nueve o nueve y media. ¿Te va bien?… ¿Y a tí, Foggy?

– ¿Qué? Oh, nos va perfecto. Podemos pasar a recogeros.

– Foggy dice que a ellos también les va bien, así que decidido. Esta noche, a las nueve y media, nos recogen en casa. De acuerdo, pues. Hasta esta tarde… Yo también… Pero si ya lo he dicho… Vale, está bien, yo también te quiero… Un beso a tí también. Pues nada, Foggy, está acordado. Ya nos recogéis.

– De acuerdo, Matt, hasta esta noche.

– Hasta Luego, Foggy.


– ¿Tardará mucho en aparecer?

– ¿Qué pasa, Onda? ¿Cansado de esperar? ¿Temes que vuestro pragmático plan no vaya a salir bien?

– No es eso, Zaran, es sólo que…

– ¿Quéreis callaros los dos? -chistó Cuchilla, molesto por el descuido de sus compañeros-. Hacéis más ruido que…

Pero no acabó la frase. Detrás de ellos, alguien acababa de caer al suelo. Comenzaron a girarse, pero sólo Onda de Choque y Cuchilla pudieron completar el movimiento, porque Zaran recibió un golpe en el estómago que le hizo doblarse al tiempo que soltaba todo el aire que tenía en sus pulmones.

Frente a ellos se encontraba el objeto de su caza: Daredevil. Sostenía en su mano un bo, y adoptaba la posición clásica de defensa. Sin decir una palabra, encogió el bo, lo separó en sus dos bastones y los colocó en los anclajes que tenía en los antebrazos. Dando un salto, se agarró a la parte de abajo de la escalera de incendios que colgaba sobre su cabeza y subió rápidamente. Tras él saltaron Cuchilla y Onda de Choque, mientras Zaran intentaba recuperar el aliento.

Cuando Zaran llegó a la azotea, sus compañeros ya estaban a veinte o treinta metros de distancia, persiguiendo a Daredevil. El justiciero enmascarado no parecía forzar la máquina. Era caso como si deseara que sus rivales no le perdieran de vista. Ahogando un juramento, Zaran apretó los dientes y aceleró el paso.

Finalmente, llegaron a un solar sin edificar. Daredevil se dejó caer y permaneció en el centro del lugar, de modo que pudiera ver perfectamente a sus rivales cuando se acercaran. Onda y Cuchilla atacaron al unísono. En un solo moviemiento fluido, Daredevil usó el bo para bloquear las cuchillas del segundo, mientras que, de una patada en el pecho, enviaba al primero hacia atrás. Acto seguido, propinó a Cuchilla un golpe de bo en la entrepierna que le hizo doblarse, lo que le permitió dedicar toda su atención a Onda. Éste cargó, intentando inclinar la lucha a su favor merced a la fuerza extra de sus guantes, pero no logró conectar ningún golpe a su enemigo.

«Es extraño«, pensó Zaran. «Creía que el estilo de lucha de Daredevil se basaba en el aikido (1), pero ahora no lo está empleando. Más bien parece… no sé, ninjitsu o algo similar«.

Daredevil empleó su bo para golpear el visor de Onda de Choque, pero era demasiado duro y rebotó. Volviendo a golpear, esta vez con todas sus fuerzas, el visor se rompió… y también la nariz de Onda, que comenzó a sangrar abundantemente, mientras caía al suelo, desvanecido.

Cuchilla cargó de nuevo. A duras penas, Daredevil pudo blocar su doble golpe, mientras las chispas saltaban. Cuchilla fintaba y golpeaba a tal velocidad que sus armas no eran más que un borrón difuso, pero Daredevil no parecía, desde el punto de vista de Zaran, tener problemas para detener todos los intentos. Hasta que finalmente cometió un error: resbaló, y al echar atrás su brazo para apoyarse en el suelo, dejó abierta la guardia. Cuchilla se lanzó a fondo, describiendo un arco descendente que sajó el uniforme de Daredevil a la altura del pecho. Pero sólo el uniforme, porque el justiciero enmascarado se echó atrás en el último momento.

«Espera un momento«, pensó Zaran. «¿Qué es eso que lleva debajo de uniforme? ¿Vendas?«

Daredevil ya se había repuesto, y atacaba a Cuchilla con tal furia que el mercenario sólo podía ir parando los golpes mientras retrocedía. Finalmente, un golpe en el plexo solar le dejó sin aliento, y otro en la mandíbula le hizo caer inconsciente. Daredevil miró entonces hacia donde Zaran vigilaba la escena… y desapareció.

– ¿Qué? -exclamó Zaran-. Pero ¿dónde…?

No pudo acabar la frase. Un golpe en la nuca le dejó tan inconsciente como a sus compañeros.


– ¿Está buena la cena, Matt?

– Oh, sí, Liz, es excelente, gracias.

– ¿Y cómo te va, Karen? ¿A qué te dedicas actualmente?

– Bueno, estoy barajando unas cuantas opciones antes de decidirme por nada. Todavía no nay nada fijo, Liz.

«¿Por qué miente?«, pensó Matt al advertir la alteración en el pulso de Karen y el aumento de su sudoración.


– ¡Señor Fe! ¡Señor Fe!

– Cálmate, Su Li. ¿Qué es lo que ocurre?

– ¡Viene hacia aquí, señor!

– ¿Quién viene hacia aquí, Su Li?

Pero Su Li no pudo acabar la frase. La puerta estalló, y las astillas volaron en todas direcciones. En el hueco, Fe pudo distinguir la enorme figura de…

– ¡Fisk! ¡Has cometido un error, americano! ¡Mis hombres…!

– ¿Tus hombres qué? ¿Que vigilan este sitio? Ya no, Fe.

Fe miró a un lado y a otro, despavorido. Pero todas las salidas estaban tomadas.

– No intentes huir, Fe, y pelea como un hombre -dijo Kingpin-. Te doy la oportunidad de defender lo que es tuyo. Un mano a mano entre tú y yo. ¿Qué dices?

Una sonrisa curvó levemente los finos labios de Fe, mientras se quitaba la chaqueta y la camisa y hacía crujir los nudillos. El americano sería una presa fácil. Sus conocimientos de kung-fu serían más que suficientes para abatir su inmensa mole.

Como tantos otros contendientes en el pasado, Fe había cometido el error de subestimar a Wilson Fisk. Su inmensa mole no estaba compuesta de grasa, sino de puro músculo; músculo que, en los meses en que se había visto obligado a recosntruir su imperio desde la base, se había concentrado todavía más. Unos pocs minutos más tarde, Fisk atrapó a Fe en una presa de la que no había escapatoria posible. Lentamente, fue apretando la presa, hasta que con un crujido, la espalda de Fe se partió. Fisk deshizo entonces la presa y agarró a Fe por la garganta, apretando lentamente hasta que fue su laringe lo que cedió. Sólo entonces le dejó caer al suelo. Sin mirar atrás, salió de la habitación, pronunciando dos únicas palabras.

– Destruidlo todo.


Cuando Zaran recobró la consciencia, sintió un dolor terrible en los nudillos. Pero no pudo mirar sus manos, pues las tenía atadas a la espalda. Frente a él, Daredevil le miraba en silencio. Durante unos instantes, Zaran sintió un cosquilleo en su cabeza. Luego, nada. Sin decir una palabra, Daredevil dio la vuelta y se alejó.

Algún tiempo después, Cuchilla despertó. Tambaleándose, se acercó a Zaran y cortó sus ligaduras. Con grandes dificultades, los tres lograron llegar hasta el hotel. Allí, el encargado les miró un momento antes de hablarles.

– Ustedes estaban en tratos con Fe, ¿no?

– ¿Quién le ha…? -dijo Zaran, pero un codazo de Cuchilla le hizo callar.

– Oh, esas cosas se saben -dijo el encargado con una sonrisa-. Bueno, creo que es mejor que sepan que no les va apagar.

– ¿Qué quiere decir? -preguntó Onda.

– Que a estas horas, el muy honorable caballero oriental debe estar sirviendo de comida a los peces.

Los tres se miraron. Sin cruzar una malabra, supieron que estaban pensando lo mismo.

«¡¡¡Yo me largo de aquí!!!«


– ¿Has tomado una decisión, Betty?

– Sí, Melvin.

– ¿Y es…? -preguntó Melvin Potter, sin atreverse casi a respirar.

– Sí, Melvin: mi respuesta es sí. Me casaré contigo.


(1) Ver Daredevil # 287.


Bienvenidos a Derecho de réplica, el correo de los lectores de la colección de Daredevil. Aquí me tenéis para resolver cualquier duda que pueda surgir sobre el discurrir de la colección.


En el próximo número: A ver si podemos mantener la acción en Daredevil # 367. Nos vemos en el número de Junio.

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