Batman: La Leyenda #19

Bruce Wayne siempre recordará esa noche y a la criatura alada que bajó del cielo y salvó su vida y la de su familia. Esa noche, aprendió lo que era la muerte y que se podía evitar, al menos temporalmente. Tomó una decisión, eligiendo una dirección para su vida. No una decisión nacida del dolor, de la culpa o de la venganza, sino del asombro, del misterio y de la gratitud. ¡Descubre un mundo en el que los padres de Bruce Wayne están vivos, y en el que un joven Batman empieza a patrullar las calles de Gotham!

#19 – La muerte de un Batman
Por David Guirado
Co-argumentista: Cristian Cobo


Fecha de publicación: Mes 174 – 10/12


Franchesco Monaguigui se encontraba en una playa, tumbado a la bartola en una hamaca de color blanco. Como no, no le faltaba un refrigerio en la mano. En este caso, una cerveza helada.

– La cerveza es mi fetiche playero, superando incluso a la Mistela- dijo en voz alta Franchesco, a la par que destapaba la lata de cerveza- Ah, la playa… es aquel lugar tranquilo que te envuelve en el sonido de las olas al llegar a la orilla, es aquel lugar que te sumerge en sus aguas saladas y cristalinas que te permiten ver a los seres que habitan felizmente, es aquel lugar que te permite ver colores inimaginables en el cielo, es aquel cosquilleo de sus arenas bajo tus pies desnudos, es diversión, es tranquilidad, meditación, la playa, la playa es un regalo de Dios.

Tras ese monologo que no le interesaba a nadie, Monaguigui se deleito con un trago que le llenaba por dentro a la par que le refrescaba. Pensaba que nada podía ser mejor, pero se equivocaba.

De sopetón, una figura femenina hizo acto de aparición para su deleite personal. Era una chica jovencita, morena con media melena. Lo que más llamaba la atención al ya boquiabierto Franchesco es que le llamaba por su nombre.

– Franchesco, hazme una mujer- susurró sonante la  voz.

Un hilillo de baba se deslizo por la barbilla del orondo personaje.

– Cordera, que voy- dijo Monaguigui mientras la chica dejaba sus pechos al descubierto.

Cuando Monaguigui se lanzo contra ella empezó a lamerle con pasión los senos a la alocada muchacha… lo que provoco que está gimiera de placer.

Tan grandes fueron los retumbantes gritos de aquella insensata, que sacaron del trance a Monaguigui y se despertó.

– Mierda, me he vuelto a quedar dormido y he tenido otro sueño erótico con Mary- comentó en voz alta.

Lo que no recordaba Franchesco es la grata alegría que iba a descubrir y recordar a la vez cuando se giro un tanto contrariado en su lecho: Mary Fattower yacía junto a él.

– Ostia Bendita- musito levemente Monaguigui- Esto ha pasado de verdad, he copulado con Mary.

La chica le sonrió arteramente. (1)


Bruce Wayne se había despertado también, aunque sólo sin ninguna compañía en su cama. Rápidamente se vistió con la primera ropa que encontró en su armario, dispuesto a partir raudo a la universidad. Apenas si tuvo tiempo de pasar por la cocina y coger un par de tostadas para degustarlas de camino a clase.

Alfred, su mayordomo, reparó en las ojeras de Bruce y no le cabía ninguna duda de a qué actividad nocturna se estaba dedicando el chico.

– Amo Bruce, no rendirá en clase si se dedica a pasar las noches vistiéndose de roedor gigante. Aunque- añadió sujetando un periódico- si lo que desea es tener menos competencia para ser el primero de la clase, lo está consiguiendo.

El diario era el Daily Planet, y la noticia a la que Alfred hacía referencia era a la detención de Cornelius Strik, quien era compañero de clase de Bruce Wayne (2).

– Créeme Alfred, no fue fruto de mi agrado tener que hacerlo… pero era lo que había que hacer- se justificó Bruce.

– Espero que no muchos compañeros suyos se dediquen a matar indigentes, o le veo al final sólo en clase- respondió Alfred.

– Alumnos no, pero hay un profesor que me tiene muy intrigado- confesó el joven- No confió en él.

– Es normal que un joven de su edad muestre reticencias acerca de sus profesores- contestó el mayordomo, guiñando un ojo para que Bruce fuese consciente que sus padres estaban entrado en la cocina.

Bruce acabo con avidez sus tostadas, percatándose del aviso de Alfred, y se colgó la mochila a las espaldas. Tras despedirse de sus padres, los Wayne se quedaron un tanto pensativos.

– De esta noche no pasa, Martha- aseveró Thomas Wayne- Cuando Bruce vuelva a casa, hablaremos con él de la decisión que hemos tomado.

En lo que nadie había reparado hasta aquel momento en lo referido al Daily Planet del día, era que unas páginas más adelante se aludía a ciertos incendios que pronto se darían de bruces con la vida de Batman.


Mientras tanto, el nuevo Luciérnaga se había quitado su traje de villano e iba de paisano caminado por la calle. La noche anterior había sido muy fructífera y ahora deseaba pasar inadvertido un rato, para desconectar de la pasión que le había consumido hacia unas horas. (3)

No deseaba acabar consumido por una pasión sin frenos por el fuego, como le ocurría a Garfield Lynns, sino simplemente hacer su trabajo y cumplir con los encargos que le había encomendado Franchesco Monaguigui.

Así que se dispuso a entrar en un bar a degustar un buen vaso de Mistela y poder disfrutar de una buena mañana, sin necesidad de dejarte llevar por sus arrebatos. Que poco sospechaba que no llegaría a entrar dentro del local, ya que le sonó el teléfono móvil.

– ¿Diga?- saludó Luciérnaga- Ok, enseguida me pongo a ello.

Se le complicó el asunto a Luciérnaga, puesto que ahora se iba a debatir entre dejarse arrastrar por la pasión por el fuego. En el fondo de su ser, por mucho que no pretendiese creérselo, estaba abocado a dejarse llevar por la misma pasión que su predecesor.


Bruce Wayne había llegado a la universidad, dispuesto a empezar la jornada del día. Esperaba que no se le notasen mucho las ojeras del día anterior puesto que no había podido descansar demasiado la noche anterior.

Mientras se acercaba hacia clase, se le acercó Julie Madison, por lo que Bruce ya iba aventurando una puya de la chica, puesto que no se había dedicado a hacer otra cosa desde que lo conocía. Sorpresivamente, la chica se acercó a Bruce y le dio dos besos en las mejillas.

– ¿Qué tal te va la universidad Brucie?- preguntó la chica con un tono tan dulce que hasta la miel parecería empalagosa.

– No me puedo quejar- fue lo único que consiguió contestar, colorado como un tomate como se había puesto.

– Escucha quería disculparme por haberte tratado últimamente- dijo Julie, a la par que Bruce que ese «últimamente» significaba casi desde que se conocían.

– Disculpas aceptadas- acertó a decir Bruce.

– Quisiera compensarte. Mira, las cosas, como te habrás dado cuenta, están un poco tirantes en lo que respecta a Vicky. Me sabe mal que siendo como ha sido mi mejor amiga, ahora ni nos hablemos.

– ¿Qué es lo que pasado entre vosotras?- la interrumpió Bruce Wayne.

Julie se quedó unos instantes pensativa, para enseguida dejar de prestar atención a la pregunta de Bruce.

– Lo que importa ahora es tratar de arreglarlo- se escaqueó Julie de responder- ¿Te apetece que quedemos los 3, Vicky, Julie y tú mañana por la noche para cenar?

– Tendría que hablarlo con Vicky…

– Oh, vamos, así no debería hablar el futuro heredero de Industrias Wayne. Ten un poco más de decisión- le picó la chica con una sonrisa de lo más dulce.

– Está bien, supongo- suspiro Bruce, dándose cuenta que Julie estaba empezando a mostrarle, queriendo o no, algo de escote.

– ¡Genial!- exclamó Vicky saltando de alegría- Avisaré a Roman para que también se nos una.

De repente, lo de esa cena había dejado de parecerle a Bruce una buena idea.


Luciérnaga se había metido en un garaje, perteneciente a un hombre llamado Simon Coast. Las órdenes de Monaguigui no dejaron lugar a la duda y pasaban porque eliminase a Coast.

– ¿Simon Coast?- preguntó Luciérnaga.

Simon se giró y cuando vio al uniformado villano ya se esperaba el peor de los destinos, por lo que se dispuso a ponerse a correr para huir de un destino fatal. Lamentablemente el pirómano es de los que cumplen con lo que prometen, así que sacó su lanzallamas y empezó a quemarlo vivo lanzándole sus llamas.

Mientras Simon Coast comenzaba a arder y a chillar como un cerdo, el pirómano se quedó mirando fijamente como su víctima abandonaba este mundo, para su satisfacción.

El villano se obligo a sí mismo a apartar su vista del cadáver calcinante que había achicharrado sin piedad. Aunque no quería acabar como su predecesor, como un loco obsesionado por el fuego, cada vez era ya prácticamente indistinguible en proceder a Garfiel Lynns.


El Comisario Gordon se encontraba en su despacho, tomándose un café lentamente, disfrutando del aroma de un buen grano. Como tantas otras cosas que se habían truncado para tanta gente a lo largo del día, el disfrute de Gordon con su bebedizo se cortaría de cuajo al recibir el Comisario una llamada telefónica.

– Jesús- musitó James Gordon al colgar su teléfono.

Gordon se subió las gafas y dejó escapar un suspiro de resignación. Acababa de enterarse, por una llamada anónima que un chalado disfrazado estaba pululando por Gotham.

– Últimamente parece que los disfrazados han tomado la ciudad- murmuró James Gordon antes de empezar a planificar como solucionar el asunto.


Luciérnaga, tras liquidar a Coast, se disponía a marcharse cuando le pareció ver una sombra pasar por delante de él.

– ¿Qué ha sido eso?- preguntó en voz alta.

Al no ver nada, empezó a pensar que había sido tan sólo producto de su imaginación, no obstante, una figura saltó y aterrizo detrás de él, como una figura ominosa y notoria que empezaba a hacerse visible.

– Luciérnaga. Estás detenido- dijo una voz ronca y penetrante.

Antes de girarse el villano ya sabía de quien se trataba.

– Batman- dijo Luciérnaga sin dar media vuelta- Sabia que tarde o temprano íbamos a encontrarnos.

 -Será mejor que no te gires y que te prepares para ser arrestado- comentó el Señor de la Noche.

– Por supuesto, murciélago, no querría que te llevases una desilusión- contestó Luciérnaga.

Sin embargo las palabras que salieron de su boca eran totalmente un truco, ya que Luciérnaga no se demoró en darse media vuelta y en apuntar a su opresor con sus lanzallamas.

– Es hora de decir bye bye- anunció el criminal- Arde, Batman, arde.

El fuego devoro sin piedad al justiciero que tenía delante, abriéndose paso el fuego ante su carne y hueso, haciendo que se empezase a chamuscar y que invadiese un aroma a carne quemada por el garaje.

Los gritos invadieron el recinto mientras se asaba como pollo, elevando el nivel global de decibelios del local.

– Esto es todo un extra, no esperaba oírte gritar como una niña- sonrió satisfecho Luciérnaga.

Los gritos persistieron y siguieron resonando por el garaje hasta que el frustrado y achicharrado héroe expiró, quedándose completamente irreconocible debido a una cara desfigurada por el fuego.


REFERENCIAS A NÚMEROS ATRASADOS

1.- No estaría de más que revisaseis el número anterior para ver a Franchesco Monaguigui y Mary enamorarse.

2.- En los números anteriores.

3.- Luciérnaga lleva un par de números quemando a gente por orden de Monaguigui

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One Response to Batman: La Leyenda #19

  1. MarvelTopia says:

    Monaguigui debería ser el protagonista de la historia, es más interesante que Bruce… problemas digestivos aparte 😀

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