Generación-X #49

generacionx49La nueva generación de mutantes necesitaba preparación para enfrentarse al mundo que les rodeaba. Por eso nació la escuela de Generación-X situada en la Academia Xavier, Massachussets. Regida por Emma Frost, antigua Reina Blanca y Banshee, un ex hombre-X, ha intentado estar a la altura de las circunstancias.

#49 – El fin de la infancia I
El despertar

Por Tomás Sendarrubias


Fecha de publicación: Mes 200 – 12/14


Isla Muir,

en el momento de la desaparición.

-¿Y quién es esta?-pregunta en voz alta Paige Guthrie, con los ojos clavados en la mujer de la que brota la luz dorada, una gran belleza situada en uno de los claros del bosque cercano al centro de investigación. Ni el Hombre de Hielo ni Michael son capaces de responder, casi boquiabiertos al ver a la hermosa doncella que parece cantar una canción silenciosa que transforma en luz el aire a su alrededor.

-Cierra la boca, Drake, verte así es patético-dice Emma Frost, apareciendo tras ellos. El Hombre de Hielo la mira aturdido, pero pronto las palabras de Emma se abren camino en su mente y sus ojos parecen centellear de ira incluso en la forma gélida que ha adquirido-. Hemos encontrado a los pequeños, será mejor enviar a los niños a casa y esperar a que vengan Cíclope, Jean y Estrella Rota. No la veo demasiado amenazadora…

-¡Ostia!-exclama Júbilo, cuando el aire centellea delante de la mujer, y aparecen Billy, Nezhno y Everett.

-¡Mierda!-exclama el Hombre de Hielo.

“Cuidado con ese vocabulario, Drake”, susurra Emma telepáticamente.

-Emma, llevaos a los niños a casa, yo…

-¡¡¡WILLIAM!!!

La voz de la mujer parece atronar en el bosque, y la luz se hace más intensa, cegadora, hasta el punto de que todos se ven obligados a cerrar los ojos.

Cuando Estrella Rota aparece, no hay ni rastro de la mujer, ni de ninguno de aquellos que la habían observado. La luz ha desaparecido y el bosque está vacío. Benjamin Russell enarca las cejas.

Eso no es bueno.


-Tiene que haber algún rastro de ellos-gruñe Scott, situado junto a Jean, que se encuentra conectada a la versión de Cerebro instalada en las Instalaciones de Isla Muir. Unos pasos por detrás de ellos, se encuentran Cecilia Reyes y Estrella Rota, ambos expectantes, mirando hacia la proyección lumínica que el sistema de detección que Xavier había creado tantos años atrás. La máquina era mucho menos potente que la que el Profesor había instalado en la Mansión, pero la búsqueda genética que  Cerebro realizaba cubría buena parte del noroeste europeo, y por ningún lado aparecían las improntas genéticas de los desaparecidos.

-No hay nada-responde Jean, suspirando mientras se quita el casco que la conecta a Cerebro, dejándolo en un soporte mientras las luces se desvanecen a su alrededor.

-Necesitamos ampliar la búsqueda-ordena Cíclope.

-No conocemos los poderes de Billy en profundidad-interviene Cecilia, encogiéndose de hombros-. Aunque la base de su poder sea genética, es… desconcertante.

-Por eso era tan importante tener a Billy con nosotros-asiente Jean, incorporándose-. Sus poderes parecen actuar a nivel cuántico, como si fuera capaz de modificar la realidad. No es magia, pero es algo parecido.

-Nos pondremos en contacto con Magik, con Extraño o con quien sea. Pero han desaparecido dos profesores y cinco alumnos en nuestro propio patio trasero. Y uno de ellos carece de poderes o habilidades especiales.

-Michael van Patrick es perfectamente capaz de defenderse-dice Estrella Rota-. Los ocho  juntos forman una fuerza de combate importante, tendrían muchos seguidores en las arenas de Mundomojo.

-¿Por qué tengo la sensación de que es un lugar que no me gustaría conocer?-farfulla Cecilia-. Scott, no quiero ser la voz discordante, pero no sé si podemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo. Aunque con otras palabras, estoy de acuerdo con Estrella Rota. Los chicos están con la señorita Frost, y aunque sospecho que algún día tendré que tragarme mis palabras, también con Bobby, que puede ser un imbécil en muchas ocasiones, pero que sin duda cuidará de ellos.

-Estoy de acuerdo con ella-asiente Jean-. Tendremos que esperar, al menos mientras que podamos contactar con la Patrulla. Illyana, o incluso Rondador, tienen más experiencia que nosotros con la teleportación.

-No me gusta la idea de dejarles perdidos-protesta Scott, y Jean niega con la cabeza.

-No nos gusta a ninguno, Scott-responde Jean-. Pero en este momento…

La puerta de la sala se abre con un sonido sibilante, y los cuatro se volvieron hacia ella con un movimiento casi entrenado. De forma casi imperceptible, las manos de Estrella Rota vuelan hacia las empuñaduras de sus espadas, pero quien aparece en el umbral no es un enemigo, sino Pellejo, Ángelo Espinoza, tan nervioso que la piel de su rostro parecía distendida, como si fuera incapaz de mantenerla en su sitio.

-Director Summers… profesores…-masculla Ángelo, entrando.

-No deberías estar aquí, Ángelo-responde Scott, pero Jean le hace un gesto con una mano para que guarde silencio.

-Ángelo-dice-. ¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que…?

-El Señor Cassidy está arriba.

-Lleva arriba mucho tiempo, no creo que…-comienza a decir Estrella Rota, pero Ángelo niega con la cabeza.

-No, profesor (1). El Señor Cassidy está arriba, despierto.


Desde que había llegado a la Academia, Vincente había vivido muchas cosas, tantas que realmente evitaba pensar en ellas, pues cuando recordaba algunas, lo primero en lo que pensaba era en cómo sería su vida en cualquier otro sitio. Sin duda más tranquila y con menos amenaza para su vida.

Vincente suspira, con los brazos cruzados ante el pecho. Hay más alumnos allí, y de alguna forma, eso le inquieta. Desde el traslado de la Academia de Massachussetts a la Isla Muir, la escuela había perdido muchos alumnos, y de alguna forma, incluso allí se las habían apañado para que Vaina, Júbilo, Sincro, Wiccan, Nezhno y Michael desaparecieran. A pesar de que estaban en horario lectivo, los profesores les habían liberado, dándoles horas de estudio, y en esos momentos, cuando el rumor ya había corrido por la escuela estaban allí casi todos, en el salón de la segunda planta, distribuidos aquí y allá alrededor del Señor Cassidy, que estaba de pie, descalzo sobre la gruesa alfombra que cubría el suelo de cemento, tratando de convertir lo que había sido un centro de investigación en un lugar de estudio. Había butacones aquí y allá, incluso una chimenea de gas, tratando de hacerlo todo más habitable. Y allí, con los ojos abiertos pero sin mirar a ningún sitio, en medio de los cuchicheos y los murmullos estaba el Señor Cassidy, vestido todavía con el pijama, y con una vía arrancada colgando absurdamente de su brazo izquierdo. Su respiración era pesada, y daba la sensación de que en cualquier momento se iba a desplomar sobre el suelo. Taki se había acercado y había tratado de llamar su atención, pero no había funcionado, y había permanecido igual, tambaleándose en una especie de maltrecho equilibrio, hasta que finalmente Angelo había decidido ir a buscar a los profesores.

-Este es un momento Walking Dead-masculla Vincente, y a su lado, Taki le mira con gesto de censura. Vincente se encoge de hombros, y pega un respingo cuando escucha una voz a su lado.

-Da miedo-dice Anole, dejándose ver por primera vez, adherido a la pared situada tras Vincente, que no puede evitar dar un paso adelante.

-Mira quien fue a hablar-musita, y en ese momento, los profesores entran en la sala, acompañados de Pellejo.

-Chicos, chicas, por favor, volved a vuestras habitaciones-dijo enseguida la Profesora Summers, mientras Cecilia Reyes corría hacia el Señor Cassidy.

-¿Está bien el Señor Cassidy?-pregunta Meggan Gwynn, y a su lado, Quentin Quire niega con la cabeza, acercándose a Jean, que trata de enviar a los muchachos a sus habitaciones.

-Profesora Summers-dice Quentin, y Jean niega con la cabeza.

-Ahora no, Quentin-responde ella, y él insiste, tirando de ella-. ¡Quentin!

-Hay algo raro, Profesora-dice él, mirando de reojo hacia Sean Cassidy-. He intentado entrar en su cabeza, ver qué tiene ahí dentro, y sólo hay estática…

-Sean lleva mucho tiempo…

-No, Profesora. El Señor Cassidy llevaba mucho tiempo estando vacío aquí-dice, señalándose la cabeza-. Pero ahora hay estática, un ruido ensordecedor. Y una voz que grita desde debajo, muy tenue…

-Quentin, ¿qué quieres decir?

-Por favor, Profesora… entre en la mente del Señor Cassidy, véalo usted misma….

Preocupada por las palabras de Quentin, Jean Grey Summers se vuelve hacia el centro del salón, donde se encuentra Sean, flanqueado por Scott y Cecilia. Estrella está a unos pasos de ellos, aún cerca de la puerta, y por algún motivo, sus manos están posadas en las empuñaduras de sus espadas. Por algún motivo, eso inquieta a Jean, que sabe que Estrella Rota es una criatura de instintos. Deja su mente fluir, y encuentra el ruido al que se refería Quentin, un ruido blanco, como la estática de una comunicación radiofónica, pero tan potente que si fuera sonido traducido a decibelios, podría dejar sordo a cualquiera. Tanto Jean como Emma habían sondeado muchas veces la mente de Sean durante su coma, y jamás había sentido nada así. Jean suspiró y empujó un poco más, apartando el ruido, aquella cortina de interferencias, y de pronto se encontró cara a cara con Sean Cassidy.

-¡No, Jean!-grita él, mientras la estática parece cerrarse a su alrededor, y la imagen mental de Banshee la mira, con tal urgencia y miedo que, de forma instintiva, Jean trata de volver a su propia mente, de romper el vínculo, pero la estática es espesa, y de pronto se da cuenta de que no puede-. ¡Él te buscaba a ti, Jean! ¡Te buscaba a ti!

-¿Quién es él?-pregunta Jean, y al instante, se da cuenta de la respuesta, y antes de que Sean responda, ella siente un nombre acudir a su mente, un nombre que le provoca una sabor ácido en la boca y una presión en el estómago. Los recuerdos no son suyos, pertenecen al Fénix, a esa criatura que la sustituyó (2), pero aún así, Jean vive ese miedo como propio.

-Proteus-susurra Sean.

Y Jean se da cuenta de que los dos están presos.


-¡CUIDADO!

El grito de Quentin Quire resuena en los oídos y las mentes de todos los habitantes de la Academia, justo en el momento en el que el telépata percibe el encarcelamiento de Jean Grey, percibiendo un breve destello de alarma en ella. La realidad se distorsiona a su alrededor, arriba y abajo dejan de tener sentido, la gravedad se anula, y causa y consecuencia pierden sus vínculos. El cemento y el acero de las paredes ondulan, los cristales estallan, y con un crujido, los muros se descomponen.

Un tornado de polvo parece arrasar la habitación, cegando a los presentes en la sala. Quentin cae al suelo, con los brazos protegiéndose la cabeza, y percibiendo flashes mentales de los presentes: miedo, confusión, sorpresa, ira, dolor… Tose, tratando de llevar aire limpio a sus pulmones a pesar del polvo, aunque con poco éxito. No sabe si es el tiempo lo que se ha roto, o su percepción de él, pero le parece que pasa una eternidad hasta que el polvo empieza a posarse, y al menos en apariencia la realidad vuelve a asentarse. Y con la claridad, el horror de la revelación. Las paredes de la sala han desaparecido, en uno de los lados se puede ver el exterior, y en otro, fragmentos destrozados de otras habitaciones. Parte del techo se ha derrumbado sobre ellos, y la doctora Cecilia Reyes está tirada en el suelo a pocos palmos de Quentin, sangrando por la nariz y con los ojos en blanco. Quentin se da cuenta de que el dolor que había percibido era el de la doctora, que probablemente les había salvado a todos con su escudo, y quizá lo había pagado con su vida. Escupiendo para limpiarse la garganta del polvo, Quentin se da cuenta de que ha perdido las gafas, lo que hace que todo esté más turbio, pero le parece ver la piel distendida de pellejo colgar flácida bajo un montón de piedras, y el destello rojo del rayo óptico de Cíclope, incapaz de esconder que probablemente sea el más asustado de los presentes, porque es el único que sabe realmente a qué se están enfrentando. Hay un borrón cerca de Quentin, un destello plateado, y se da cuenta de que es Estrella Rota, con las espadas en las manos, dispuesto sobre Cecilia Reyes y Quentin, separándoles de… de lo que fuera que parecía perfilarse en el polvo.

Una ráfaga de viento frío llegó desde el exterior, haciendo que el aire parezca girar en espirales antes de apartar el polvo y hacer la ruina aún más visible. Hada está con Genio, con las alas extendidas y los ojos enormes, abiertos y clavados en el centro de la sala. Vincente se ha convertido en niebla, y se escuchan gritos procedentes de otros puntos del edificio. Una voz viene de fuera, y Quentin tarda un momento en reconocerla: Otoño. Otros alumnos llegan con ella, tratando de averiguar, de ayudar. Un nuevo rayo óptico de Cíclope, pero ante los ojos atónitos de Quentin, parece que desaparece y se convierte en un puñado de mariposas con alas de ceniza roja, que caen muertas al suelo y se deshacen en polvo, seco y agrio. Y donde estaban el señor Cassidy y la profesora Summers, ahora se intuían tres siluetas.

-Sal de aquí, Quire-sisea Estrella Rota, desde muy lejos. Quentin se lleva las manos a los oídos, y se da cuenta de que sangran. Estrella Rota no está siseando, grita, pero sus tímpanos están rotos. Jean Grey Summers y Sean Cassidy permanecen en pie, con la mirada perdida, los ojos vacíos, yertos y rígidos, como estatuas egipcias. Y entre ambos, una tercera figura, una silueta humana. Los ojos de Quentin lagrimeaban cuando intentaba mirarla fijamente, una sombra formada por algún tipo de energía que parecía deformar el propio espacio, el mismo tiempo. A través de la silueta, Quentin puede ver el exterior, las nubes, los árboles que rodean la escuela, incluso el mar que muerde las costas de la Isla Muir. Y sin embargo, Quentin percibe que hay algo extraño en ello. Los árboles parecen endebles, putrefactos. El ruido del mar es el de un susurro asesino, el de un puñal hundido en el hueso hasta la médula. Quentin no sabe qué es lo que está viendo, no sabe qué es lo que está ocurriendo, no sabe a lo que se enfrenta. Sólo ha escuchado un nombre en la mente de Jean antes de que esta se extinguiera, Proteus. No sabe lo que significa, no sabe lo que quiere decir, pero hay algo de lo que es consciente.

Jamás ha estado tan cerca del Mal. No de algo malo, del Mal como concepto, como entidad y raíz de si mismo.

Sean y Jean sonríen, pero es obvio para todos que no son ellos quienes lo hacen, sino el titiritero que ahora mueve sus hilos. Proteus.

-Si-dicen los dos al tiempo, y en el sonido de aquellas voces hay algo seco, innombrable, algo que apesta a lugares oscuros, húmedos y viscosos-. Por fin… Aqui… de nuevo… desde la inmensidad… vuelvo…

Un nuevo flash rojo, pero el rayo de Cíclope esta vez se limita a derramarse sobre el suelo, como un reguero pálido de energía y fango.

-Te recuerdo-dice Proteus, y las manos derechas de Sean y Jean se alza, señalando hacia Scott, pocos pasos detrás de Quentin, Cecilia y Estrella Rota-. Estabas aquí poco después de que despertara, poco después de que muriera (3)…

-Estrella, hay que sacar de aquí a los chicos…-ordena Cíclope, pero Estrella Rota no parece decidirse a moverse, lo que dejaría limpio el camino entre Proteus y la inconsciente Doctora Reyes… y el propio Quentin.

-Ella también estaba aquí-continúa Proteus, hablando a través de las bocas de sus dominados, y en ese momento, los ojos de Sean se vuelven hacia Jean-. Aunque no era ella misma. Era otra. Otra con más poder… llena de hambre…  Y tú… -dijo mirando finalmente a Estrella Rota. La figura central inclina la cabeza, y sus marionetas imitan el gesto simultáneamente, con sus ojos blancos centrados en Estrella-. Estuviste aquí con el niño, cuando trataron de despertarme (4)… Fue molesto, pero volví a ser yo mismo, un tiempo… ¿Sabéis lo que es la inconsciencia? Es una pequeña muerte, pero yo soy Proteus, y ni siquiera la muerte es definitiva. He vuelto.

-Puedes marcharte cuando quieras de nuevo-masculla Quentin, dándose cuenta un segundo demasiado tarde de que lo ha dicho en voz alta. Y sin embargo, Proteus le ignora, con los ojos de sus marionetas fijos en Cíclope y Estrella.

-¿Por qué?-pregunta Scott, lanzando una mirada hacia la puerta, que Otoño y otros estaban consiguiendo desbloquear. Al parecer Vincente había conseguido filtrarse por los recovecos y las grietas de la pared derrumbada. Una maniobra tan obvia que a Quentin le resultó obvia, distrae al malo de la película para que te de su discurso mientras te preparas para vencerle. Y sin embargo, el tal Proteus responde.

-Cuando él llegó-dice, señalando hacia Sean con sus propias manos-. Ella le amaba. El amor es amargo, el amargor llegó hasta donde yo estaba. Se hizo punzante, y encontré el camino hacia el amargor. Era él. Gracias, vosotros los trajisteis para mí. Ahora él es parte de mí, y ella sentirá una parte de mi dolor y de mi ira.

-Deberías estar muerto-farfulló Cíclope, furioso, y los tres rieron.

-La energía ni se crea ni se destruye, yo soy energía. Soy inmortal. Soy Proteus.

-¡Pues trágate esto, bicho!

La voz de Hada les sorprende a todos, y más aún cuando un rayo luminoso, veteado de polvo de hada, relumbrante, brota de las manos de Meggan, que se eleva unos palmos por encima del suelo, moviendo sus alas de colores mientras con un ruido sordo, se abre un pequeño pasillo entre las ruinas que ocupaban el umbral. Otoño, delgada y cubierta de polvo, se desliza hacia el interior, y Vincente entra de nuevo en su forma gaseosa. De inmediato, Taki comienza a dirigir la salida de los presentes, sin dejar de mirar hacia atrás, temiendo que en cualquier momento Proteus les descubriera.

No saben lo poco que su vida les importa a Proteus.

La luz de Hada alcanza a Proteus, a la silueta de no energía que oscila entre Banshee y Jean, iluminándola, desde fuera y desde dentro, la luz pura contra la más negra oscuridad. Cíclope dispara , sabiendo que no tienen ni una sola opción, que Hada es demasiado débil para hacer el más mínimo daño a Proteus, pero al menos ha sido oportuna. Sólo espera que él no le dedique la mínima atención.

Y sin embargo, Proteus se tambalea. Titila.

-Duele…-sisea, mirando hacia Hada, pero ignorando el ataque de Cíclope-. Tu luz duele…

Gritan, los tres, pero el golpe que recibe Hada de lleno es el del ataque sónico de Banshee, que hace que la muchacha se estrelle contra la pared que tiene detrás, golpeándose en las alas y la cabeza, y cayendo al suelo, mareada y al borde del desmayo.

-¡Deja en paz a los niños!-grita Cíclope, y Estrella Rota une sus espadas ante él. El metal comienza a vibrar, y de inmediato, mientras el guerrero rechina los dientes por el esfuerzo, un rayo sónico parte de las espadas para estrellarse en Banshee, o al menos, en su cuerpo, cortando en seco el grito de Sean y lanzándole al otro lado de la habitación. Banshee choca contra los restos de un muro, pero se levanta de nuevo, con un movimiento tan extraño que Quentin siente un escalofrío, ya que recuerda una marioneta.

-Los niños…-susurra Proteus como un titiritero a través de sus muñecos-. Cómo os preocupáis por vuestros niños… Yo pasé mi infancia encerrado por ella, por mi madre. Cuatro paredes, y yo. Ni siquiera mencionaba mi nombre, en mi puerta sólo se marcaba “Mutante X”.

-Hiciste mucho daño, Proteus-dice Cíclope-. Y ahora, suelta a Sean y Jean… Si lo haces, quizá podamos ayudarte.

-No-responde Proteus, y los ojos de sus esclavos se giran hacia Cíclope, Estrella Rota y los pocos muchachos que quedan en la sala-. ¿Creéis que no me he dado cuenta de cómo os habéis escapado uno a uno de aquí? ¿De cómo vuestros patéticos ataques servían de vana cortina para poder sacar de aquí a vuestros niños sin que yo me diera cuenta?

La risa de Proteus resuena, agónica, mientras Cíclope y Estrella Rota se miran, tensos. Sólo Otoño, Quentin, Vincente y Hada continúan en la sala junto a ellos y la desmayada Cecilia Reyes.

-Kevin…-comienza a decir Cíclope, pero de pronto, se ve obligado a guardar silencio, cuando el polvo del aire parece concentrarse en su boca y en su garganta, ahogándole. Otoño se apresura a correr hacia él, tratando de arrancar la costra de tierra que cierra la boca de Scott, que cae al suelo, sin respiración.

-No soy Kevin-dice Proteus-. Kevin MacTaggert ya no existe, quizá no ha existido nunca. Soy Proteus. Y sois míos.

-Sabes que lucharemos, que moriremos si hace falta…

-No-le interrumpe Proteus-. No morirá nadie. Sois míos, mis juguetes, mi carnaza. He cambiado, Scott Summers, ya no soy aquella criatura ansiosa de carne mutante, soy Proteus, y soy energía viva. He dormido mucho tiempo, pero he despertado, y voy a hacer que el mundo despierte conmigo. Y quiero testigos de mi ascenso. Vosotros, los que amasteis a mi madre, vuestros niños, que ahora corren por las habitaciones por las que yo debería haber corrido, donde debería haber jugado. Moira MacTaggert fue mi carcelera, y yo ahora soy el dueño del hombre al que mas ha amado. Vosotros fuisteis sus amigos, y ahora, sois lo que yo quiera que sea. Primero le romperé el corazón a mi madre, Scott Summers, y después… después tendré que romperte el tuyo

Scott jadea en el suelo, Otoño gime, y Estrella Rota les custodia… y en ese momento, Quentin se da cuenta de que todo se silencia. Piensa que quizá se trate de sus oídos, de sus tímpanos rotos, pero luego se da cuenta de la mirada de horror en los ojos congelados de Estrella Rota, en Otoño, quieta y arrodillada junto a Cíclope, en Hada, quieta cuando estaba a punto de salir de la sala, incluso en Vincente, detenido en su forma gaseosa, tan estático que parece desafiar a las propias leyes de la fisica. Y siente que él mismo pierde la capacidad de moverse, pierde sus sentidos, y asustado, su telepatía parece brotar de él como una tormenta, golpeando con virulencia a Proteus, derribando sus barreras, siendo capaz de ver el pensamiento enloquecido de la criatura, y entonces, como si perdiera su vinculo con el mundo, la mente de Quentin Quire grita, aunque él, convertido en una estatua de piel, hueso y tendones, no puede hacerlo.

Una imagen… una sola imagen se deshace en su mente, como un millar de fractales. Una imagen ardiente, un objetivo, un pájaro de fuego capaz de devorar el mundo. Por eso Jean. Por eso ella era el objetivo de su ataque. Sean Cassidy para atacar a su madre, Jean Grey Summers para atacar el Universo.

Proteus quería al Fénix.


-Vaya-suspira Michael cuando el Puente del Arco Iris desaparece tras él, con el estómago aún tratando de encontrar su sitio en su vientre. Se siente como si le hubieran lanzado en una honda a través de todo el espacio-. ¿Por qué está todo tan vacío?

Vaina, Nezhno, Wiccan, el Hombre de Hielo y la Reina Blanca observan las instalaciones de la Academia. El sol se está poniendo, y efectivamente, todo está en el más absoluto silencio.

-No capto nada-dice Emma-. No hay rastros telepáticos, solo estática. Y… ¡un momento! Hay algo… algo detrás de la estática… como una emisión pirata…

-¿Qué dice?-pregunta Bobby, y de pronto, un hilo de sangre brota de la nariz de Emma, que mira al Hombre de Hielo y a los chicos con los ojos completamente abiertos.

-Proteus-susurra.


1.- No se nota, pero es en español en el original

2.- Jean recuperó los recuerdos de Madelyne Pryor y del Fénix durante Inferno

3.- Cíclope formaba parte de la Patrulla-X cuando estos se enfrentaron por primera vez a Proteus en Isla Muir.

4.- Estrella Rota formaba parte de X-Force durante la saga “Los Reyes del Dolor”, en la que IMA, a través de un niño mutante al que llamaban Fragmentos, trataba de despertar a Proteus.

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One Response to Generación-X #49

  1. MarvelTopia says:

    Las piezas en su sitio… ¿preparados para la batalla final? ¿Proteus no será un poco demasiado para estos niños?

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