Iron Man #4

ironman04Perdido desde hace más de dos años, Tony Stark regresa a un mundo que ha cambiado. Sin dinero, tras las argucias del Barón Zemo, que lo sustituyó en ese tiempo, el Hombre de Hierro se enfrenta a toda una nueva serie de problemas.

#4 – Verde esperanza
Por Correia


Fecha de publicación: Mes 202 – 2/15


«¿Que has perdido tu qué?», preguntó Iron Man, mientras esquivaba un puñetazo del gigante de hielo al que llevaba un buen rato enfrentado.

«Mi magia», contestó Extraño, aún sorprendido. «No consigo que mis hechizos funcionen. Ni siquiera mi capa de levitación. Ni el Ojo de Agamotto…»

«No me des la lista de tus poderes», interrumpió Tony, lanzando unos repulsores al gigante, «¡haz algo!»

«¡No puedo!», gritó el doctor. «No puedo…»

«¡Pues piensa algo, y ponte a cubierto!», le ordenó Stark.

Extraño corrió a refugiarse junto a los agentes de SHIELD Coulson y Milton.

«He estado llamando a los 4 Fantásticos», dijo Coulson al mago, «pero no contestan. Pensé que la Antorcha nos vendría bien.»

«Es una buena idea», dijo el místico. «¿Puede prestarme su teléfono? Voy a ver si localizo a un amigo.»

El agente le tendió el móvil, y Extraño marcó. Unos segundos después, su interlocutor descolgó.

«Soy Stephen… sí, ya lo sé… te lo explicaré… Te necesitamos… almacenes del puerto… ¡rápido!»

Devolvió el teléfono al agente, que lo miraba, inquisidoramente.

«Ya verá», sonrió el mago. «Es toda una sorpresa.»

Mientras, Iron Man seguía su combate con el gigante. Pese a sus golpes, los repulsores, todo lo que intentaba, el behemolt volvía una y otra vez a la carga.

«¿Por qué no te caes?», se preguntaba Tony, a la vez que anotaba el incorporar un lanzallamas a la próxima revisión de su armadura.

«¡Iron Man!», gritó Extraño. «¡La ayuda viene en camino!»

«Eso espero», respondió el vengador, esquivando un nuevo manotazo del gigante.

Tony seguía intentando derribar de forma definitiva al gigante, pero sin éxito. Había intentado localizar ayuda, los 4 Fantásticos, Thor… pero no consiguió hablar con nadie. Estaba solo, a la espera de la ayuda que Extraño acababa de ofrecerle.

«Repulsores, nada. Jets, nada. Descargas eléctricas, nada. Golpearlo, nada», pensó. «Tiene que haber una solución mejor que volar todo el almacén con el bicho dentro.»

«¡Salid de aquí!», les gritó a Extraño y los agentes. «Alejaos lo más posible. Voy a destrozar el sitio.»

Los tres hombres salieron corriendo, mientras Tony intentaba distraer al gigante, que, pese a tener una pierna lesionada y haber perdido a su líder el mago, seguía insistiendo en destruir a sus enemigos.

Subieron al coche, y arrancaron, alejándose del muelle. En unos minutos salieron del puerto, y pararon en la primera calle.

Tony los vio alejarse, y, cuando consideró que estaban a salvo, cargó sus repulsores al máximo, y apuntó a los pies del gigante. El suelo acabó pulverizado, y el gigante, y parte del almacén, cayó al agua gélida del río Hudson.

«¡Bingo!», gritó. «Espero que te ahogues, chiquitín.»

El gigante manoteaba en el agua, intentando mantenerse a flote.

Un ruido tras él le hizo girarse. Algo había aterrizado a pocos metros, causando un gran estrépito.

«Maldita armadura», dijo, «tengo que actualizarla ya. No tiene ni sensores de proximidad.»

El polvo se asentó, y de él surgió una gigantesca figura humanoide.

«¿¡Hulk!?», dijo. «Maldición, no estoy preparado para ti», se lamentó, mientras abría fuego contra el gigante verde.

Los repulsores golpearon a Hulk en el pecho, sin inmutarlo.

«¿Extraño me pide ayuda y lo primero que haces es atacarme? Veo que hay cosas que nunca cambian», gruñó el coloso.

«¿Hablas?», se asombró Tony. «Y bien, por lo que veo. Eso sí que es una novedad.»

«Sí, he leído sobre tu desaparición», respondió Hulk. «Si no, sabrías que Banner y yo hemos fundido nuestras personalidades. Ahora somos Hulk.»

«Genial… supongo», afirmó perplejo Stark. «Al menos sólo tengo que preocuparme de un gigante hoy.»

«¿Ese gigante de hielo que sale del río?», preguntó Banner. «Creo que se te ha olvidado que el hielo flota, cabeza de lata.»

«Excelente», dijo el inventor. «Estoy casi sin energía.»

«Oh, no te preocupes», sonrió el coloso esmeralda. «Yo me encargo.»

De un salto, Hulk cayó sobre el gigante, que aun se afanaba por salir del agua, hundiéndolo nuevamente. Lo siguió al fondo con un par de poderosas brazadas.

Agarró el brazo de su gélido oponente y, apoyando ambos pies en su pecho, tiró con todas sus fuerzas, arrancándolo de cuajo.

El gigante gritó, llenándose los pulmones de agua. Hulk aprovechó para volver a golpearlo, rompiéndole el pecho, atravesándolo con su puño. Abrió los ojos, para volver a cerrarlos definitivamente. Su cuerpo se hundió en el lodo del lecho del río, mientras Hulk ascendía.

Iron Man observaba desde la superficie. Cuando Hulk asomó, le tendió la mano para ayudarle a salir del agua.

«Asunto arreglado, latas», dijo Hulk, sacudiéndose el agua.

«Gracias, Hulk. Perdona lo de antes.»

«Estoy acostumbrado. Pero no vuelvas a hacerlo.»

Extraño y los dos agentes llegaron junto a ellos.

«Gracias, Hulk», dijo el mago. «Estoy en deuda contigo.»

«Oh, ya hemos perdido la cuenta, ¿no, brujo?», sonrió el coloso. «Si no necesitáis nada más, creo que sería hora de irme.»

«¡Espera!», le detuvo Stark. «Quizás… podrías considerar volver a unirte a los Vengadores.»

«¿Qué Vengadores son esos, Iron Man?», preguntó Hulk. «Ahora mismo no existen los Vengadores… y no, no creo que quiera volver a ser parte. Ya tengo mi propio equipo. Pero si me necesitáis», dijo, sacando una tarjeta del bolsillo y extendiéndosela al vengador dorado, «no dudes en llamar.»

De un salto, tal y como había llegado, Hulk se alejó del lugar, dejando a los cuatro hombres sumidos en sus pensamientos.

«Bien, chicos», dijo Coulson rompiendo el hielo. «¿Os llevamos a algún sitio?»

«Yo necesitaría volver a Greenwich», dijo el mago. «Tengo que averiguar qué ha pasado.»

«Te acercamos. ¿Y tú, vengador?», preguntó a Iron Man.

«¿Vengador?», preguntó el caballero. «Sí, creo que va siendo hora de volver a ser un vengador.»

Y se elevó por los aires, despidiéndose con la mano.

CONTINUARÁ.

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