X-Force #2

xforce02

#2 – Caos II
Lo que se esconde

Por Tomás Sendarrubias


Fecha de publicación: Mes 213 – 1/16


Cerca del puente Andreyevsky, Moscú.

Nikolai Illyevitch Sogoronovitch está a punto de morir, y lo sabe mientras corre, casi sin aliento, por las calles de la ciudad, escuchando los pasos y los gritos tras él. Si consigue llegar al Moscova estará salvado, aunque sólo sea momentáneamente… y sin garantía alguna de que dejen en paz a sus padres, a sus hermanos… los cómplices en su delito genético de haber nacido mutante. Nikolai, al que solían llamar Nikos, tenía doce años cuando, entre otros muchos cambios en su cuerpo debidos a la pubertad, desarrolló branquias a ambos lado de su cuello, casi detrás de sus orejas. Era una mutación casi absurda, y aunque como todos los mutantes de Rusia había estado vigilado por el gobierno, al parecer nunca habían encontrado utilidad para él, de modo que había podido tener una vida prácticamente normal, incluso había encontrado utilidad a sus branquias, divirtiéndose con sus amigos en absurdas competiciones de apnea en las que, inevitablemente, era siempre el ganador.

Pero desde que dos días antes un terrorista había matado a doscientas trece personas en el Metro, las cosas se habían puesto feas para los mutantes en la ciudad. En todo el mundo se hablaba de terrorismo mutante, imágenes de Magneto, Apocalipsis y la Patrulla-X aparecían a todas horas en las noticias, proliferaban los blogs antimutantes, y se veían por doquier grabaciones de móviles en los que la gente había grabado la caída de los aviones después del atentado mutante en Heathrow. De pronto, Nikos se había encontrado siendo el objetivo de personas que, dos días antes, habían estado tomado vodka con él. Había estado sin salir de casa dos días, pero esa noche, había cometido el error de acudir a la llamada de Natalya, una de sus amigas de toda la vida, hija de unos vecinos de la casa de sus padres, y una de las primeras personas que supo de la mutación de Nikos seis años atrás, cuando eran sólo niños. Lo que no le había comentado en su correo, era que se había afiliado a la sección rusa de Pureza, y que aquello era una emboscada para evitar otro conato de amenaza mutante.

Realmente, Nikos ni siquiera se había molestado en explicarles que sus poderes mutantes no eran ninguna amenaza, salvo quizá para los esturiones. Por suerte había sido rápido de reflejos, y en cuanto se había olido lo que se le avecinaba, echó a correr a tiempo de evitar que le rodearan, y aún más afortunado había de que sus perseguidores no llevaran pistolas o armas de fuego de otro tipo. Al parecer eran de ese tipo de personas que prefiere ensuciarse las manos.

Nikos tropieza, nota que le falta el aliento y lamenta no haber hecho más deporte. De pronto, la imagen de su amigo Alexei diciéndole que las horas sentado delante del WOW le iban a terminar pasando factura, y maldijo para sus adentros. Si salía de aquello, daría de baja su cuenta e iría a correr todos los días…

Algo le golpea en la espalda con fuerza suficiente como para desequilibrarle y quitarle el aliento, y cae al suelo de bruces, golpeándose en la barbilla con el asfalto. Escucha un tuido de madera, y se da cuenta de que le han golpeado en la espalda con un bate de béisbol, alguno de aquellos locos había tenido los santos cojones de tirarle un bate de béisbol y le había dado con él…

-¡Socorro (1)! -grita Nikos, tratando de incorporarse, pero es demasiado tarde, una patada en un costado le revela bruscamente que sus opciones de salir de allí se han reducido exponencialmente.

-¡Dejad en paz al chico!-dice una mujer, asomándose a la ventana, y uno de los chicos se vuelve hacia ella, empuñando una barra de hierro.

-¡Métase en su casa, abuela! ¡Es un puto mutante!

Un golpe en el rostro de Nikos arranca estrellas de color de aquel sucio callejón, no se puede creer que vaya a morir así, y tan cerca del río… No sabe si la mujer responde, si el hecho de que sea mutante le hace menos merecedor de su indignación, porque los oídos le zumban tanto de una patada que no escucha nada más allá del propio zumbido…

-¡Hijo de puta! ¡Mutante cabrón! ¡Terrorista! ¡Asesino! ¡Te vamos a matar a ti y a toda tu puta familia! ¡Vamos a joderos bien, a joderos a todos!

Los gritos de los vándalos se mezclan hasta el punto de que no es consciente qué voz dice qué cosas, como si hubieran desarrollado una personalidad de colmena. Chicos, chicas, era igual, todos tenían la misma voz en los oídos llenos de sangre de Nikos. Y se pronto, escucha algo distinto… ¿un siseo? ¿Y un grito?

La criatura cae sobre ellos desde una de las paredes del callejón, como un gigantesco insecto, y Nikos sólo puede verlo entre sus lágrimas y los ojos hinchados… pero le parece que es algo… verde. Le gustaría seguir viendo qué ocurre, pero la inconsciencia se lo lleva antes de tiempo.

Lo que Nikos no puede ver es a Anole, que cae como una bomba entre los miembros de Pureza. Sus golpes, rápidos y efectivos, noquean a tres de los chicos antes de que se den siquiera cuenta de lo que tienen delante. Quedan seis.

-¡Un monstruo!-grita una de las chicas-. ¡Otro hijo de puta mutante!

Anole no responde. El traductor universal de Cable que lleva injertado en su oreja izquierda le permite entender el ruso, pero no tiene nada que decirles. Uno de los chicos decide mostrar su virilidad, alzando un bate y arrojándose a por él. Con su entrenamiento, Anole evita que le alcance sólo dando un paso a la izquierda, y luego, lanza una patada certera, hundiendo la punta reforzada de su bota de campaña en la parte de atrás de la rodilla del agresor, que estalla con un crujido, arrojándole al suelo entre gemidos.  Les mira, y llega incluso a sonreír levemente. Abre la palma de una mano, mostrando los cinco dedos. Se disponen a arrojarse sobre él cuando, con un siseo seco, uno de ellos cae al suelo. Asustados, el resto de los muchachos se giran hacia sus espaldas, hacia el otro lado del callejón, donde una mujer vestida con un uniforme de aspecto militar y rasgos nativos americanos les apunta con un arco en el que centellea lo que parece ser una flecha de pura energía.

-Vamos, valientes-dice Moonstar, en ruso-. Demostradnos a nosotros lo machitos que sois… nueve contra uno…

-¡Vamos a acabar con todos vosotros, putos mutantes, escoria genética…!-grita uno de ellos, y al instante, la flecha de Moonstar vuela, hundiéndose en él y arrojándole dos metros hacia atrás. Cae al suelo de espaldas, y con los ojos en blanco, completamente sin sentido.

-¡Lo habéis matado! ¡Asesinos! ¡Habéis matado a Voshkov!-grita una de las chicas, y Moonstar niega con la cabeza.

-Sólo es una descarga sináptica, se recuperará… que es más de lo que podemos decir ahora mismo de él-responde, señalando a Nikos-. ¿Alguno tiene algo más que decir?

-Decid algo, por favor…-sisea Anole, que medio desaparece en la oscuridad del callejón, con un efecto aterrador.

-¿No?-continúa Moonstar-. Perfecto. Iros de aquí.

Anole gruñe, en desacuerdo, pero los chicos echan a correr, y Moonstar se aparta para dejarles pasar. Ni siquiera se detienen a mirar a sus cinco compañeros caídos. De inmediato, Danielle se arrodilla junto a Nikos, y empieza a tomar sus constantes, con gesto preocupado.

-No tendrías por qué haber venido-gruñó Víctor-. Podía con ellos.

-Sí, lo sé-respondió ella-. No tengo ninguna duda de que hubieras podido con todos ellos, pero no estoy tan segura de que te hubieras mantenido dentro de los límites de lo razonable.

-Les has dejado escapar, ¿eso es razonable?

-La policía está a una manzana, tienen su descripción, y Sabia les ha identificado. Sabemos quiénes son y dónde viven, y ella se está encargando de que mucha más gente lo sepa. Para mañana por la mañana, la policía rusa habrá desarticulado esta sección violenta de Pureza.

-Confías demasiado en ellos…

-¿Y quiénes son ellos? ¿La policía? ¿Los rusos? ¿Los humanos?-por toda respuesta, Víctor gruñe, y Moonstar le mira finalmente-. Vivirá. Has sido muy oportuno, Víctor, buen trabajo. Profesor, transporte para tres.

Lo último que se escucha en el callejón es otro gruñido de Víctor Borkowsky mientras los tres desaparecen.


Cosmódromo Baikonur, Kazajstán.

-¿Qué le ha pasado al chico?-pregunta Paige cuando Danielle y Víctor aparecen junto a ellos en  una sala amplia, sin ventanas y con las paredes cubiertas de acero cromado. Además de Paige, allí están también Cable, Quentin, Estrella Rota y Billy, además de Tessa, su última recluta… o Sabia, como ahora se hacía llamar. Ante ella, sobre una mesa que parece hecha del mismo metal cromado que el resto de la sala, hay una proyección tridimensional de lo que parece ser un mapa multinivel del metro de Moscú, con los trenes, como serpientes de colores neón, moviéndose a toda velocidad. Al otro lado de la mesa, mirando a Cable con cierta desaprobación, se encuentra el enlace de X-Force con el gobierno ruso, el coronel Alexei Vazhin.

-Pureza-responde Danielle-. Le dieron una buena paliza, pero Anole llegó a tiempo de evitar que pasará algo peor. Necesitará un médico, Coronel.

-Claro, como no-gruñe el coronel tuerto, resoplando-. Todas las instalaciones del servicio de inteligencia ruso a vuestra disposición. La deuda que tenía contigo por Chechenia, Cable… espero que la consideres saldada.

-Ya veremos-responde Cable mientras Vazhin abre una puerta e indica  a Anole que le siga, llevándose a Nikos en brazos.

-Nada de teleportaciones mientras estoy fuera-ordena Vazhin, con su único ojo clavado en ellos-. Quedaos quietecitos un momento, sed buenos.

La puerta se cierra con un siseo, y Sabia se gira hacia Cable, con una sonrisa pérfida.

-Torturas a ese hombre, Cable-dice ella, y él se encoge de hombros.

-Vazhin dirige ahora la Habitación Roja. Confío en él, pero no olvido que hace algunos años, estos hombres ordenaron la muerte de los padres de Coloso y de Magik, y que él estaba aquí entonces. Mi confianza llega hasta cierto punto.

-Estamos en suelo kazajo, fuera de Rusia-interviene Paige-. Y esta gente tiene aquí instalaciones que, por lo que Sabia ha verificado, el propio pueblo de Kazajstán desconoce. Perdonadme si no me fio de nadie. Ni del caballero tuerto.

-Está bien-dice Vazhin, entrando de nuevo junto a Anole, que se agazapa en un rincón-. El chico está con los médicos, ahora, ¿podemos seguir por dónde íbamos?

-Claro-responde Cable, y Vazhin señala la reproducción tridimensional que Sabia ha creado sobre la mesa. La mujer hace un pase con una mano sobre una esquina de la figura, y una imagen de un chico de veintipocos años empieza a girar despacio ante ellos.

-Sergyi Mikhailovitch Silov-dice Vazhin-. Veintidós años, nacido en Moscú. Sus abuelos eran exiliados lituanos, deportados a Siberia durante los años posteriores a la guerra, sus padres llegaron a Moscú en el 92, después de la caída del Muro. Perestroika, Glasnot… todas esas mierdas. Nada reseñable en ninguno de los dos, ni en sus cinco hermanos. Sergyi desarrolló sus poderes mutantes cuando tenía trece años, cuando se despertaron, dejó sin electricidad varias calles de Moscú, y electrocutó por accidente a su perro. Su familia entró a formar parte del proyecto Bandera Roja. Bandera Roja 307, para ser exactos.

-Así que le teníais controlado-comenta Cable, y Vazhin asiente.

-Sí. Y sin embargo, no pudimos hacer nada cuando hace dos días cogió el metro en Lubianka, a la misma hora que lo cogía todos los días para asistir al conservatorio, era un auténtico virtuoso del violín. Sólo que ese día, en lugar de dedicarse a la música, utiilizó sus poderes eléctricos para asesinar a doscientas trece personas, mientras un crío lanzaba una filípica sobre el despertar de la sociedad mutante por internet y las redes sociales. Hemos intentado borrar ese mensaje de las páginas web, pero es como si duplicara a sí mismo, cada vez que conseguimos eliminarlo de una ruta, aparece en tres más.

Sabia asiente, y la imagen de Sergyi Silov es sustituida por un vídeo de la retransmisión a la que Vazhin se refería. Misma imagen y mismo mensaje que la que habían difundido antes del atentado de Londres, cuando Holly Morrow había hecho caer la muerte desde los cielos del hemisferio norte en forma de aviones (2). Un encapuchado que se hacía llamar Manifiesto, y mucha retórica sobre el alzamiento de la especie mutante.

-Tal y como sugirió la señorita-continúa Vazhin, mirando a Sabia-, hemos analizado el historial de navegación del chico. Todo normal, nada sobre construir bombas con detergente ni nada parecido. Y quizá si no lo hubiéramos buscado no lo habríamos visto, pero puestos sobre aviso, hemos encontrado un enlace como el que Sabia nos envió. Era usuario de la página web X-Perience, tenía el nick de kid_perunn93. Y era un usuario bastante activo, hasta que hace unos cuatro meses, contactó con alguien que se hacía llamar GritaCaos2015. La conversación fue breve, y el chico recibió una dirección que, por lo menos a nosotros, no nos ha llevado a ningún sitio.

-He podido acceder a los servidores de X-Perience-dice Sabia, y el mapa del Metro de Moscú se deshace como un fractal, para ser reemplazado por docenas de pantallas con conversaciones y foros, todos ellos con una X como emblema-. Es una empresa completamente legal en todos sus aspectos, los servidores están instalados en Oslo, en Noruega. Son transparentes como el cristal, y de hecho, uno de sus accionistas es de la casa.

-¿Industrias Worthington?-pregunta Cable, y Sabia asiente.

-Pero la dirección que me ha dado el Coronel, al igual que la que obtuvimos del ordenador de Holliday Morrow… Si esos lugares han exisitido, en estos momentos han desaparecido y no han dejado ni rastro.

-Por eso se supone que estás tú aquí-dice Vaina, encogiéndose de hombros y ganándose una mirada curiosa de Sabia.

-Querida, yo veo patrones. Proceso datos, analizo lo que encuentro, extrapolo conclusiones… pero ni siquiera yo puedo ver lo que no existe. Y esos sitios hacia donde Holly Morrow y Sergyi Silov fueron dirigidos, ahora son inmensos abismos de datos en la red, como si alguien los hubiera desmontado a conciencia.

-Todo deja un rastro en internet-responde Vaina, y Sabia asiente.

-Normalmente sí, y eso es lo llamativo. Una cosa es desviar rastros, esconderlos, cubrirlos de capas y capas de información falsa hasta hacerlos desaparecer. Con eso puedo trabajar. Pero aquí, es como si de forma quirúrgica se hubieran extirpado algunos segmentos de la red.

-Estupendo-masculla Vazhin-. Si no hay patrones, si no hay rastros, ¿cómo vamos a evitar que esto vuelva a pasar?

El silencio se apodera de la sala, y Sabia borra la sonrisa de su cara. Todos la miran, pero es Cable el que dice lo que todos están pensando.

-No podemos preveerlo. Tenemos que esperar a que ocurra de nuevo.


Condado de Cumberland, Kentucky.

Jeb Guthrie baja del autobús, calándose bien la gorra, y mirando a su alrededor con el ceño fruncido. Aquella era una de esas paradas de autobús que aparecían de vez en cuando y que estaban en mitad de la nada y que siempre se había preguntado para qué servían. Al parecer, al menos para acudir a citas misteriosas. Allí, en mitad de ningún sitio, era donde HoyFuria le había citado. Habían hablado durante varias horas por internet, y Jeb había acudido al enlace del grupo que este le había pasado. Era como si hubiera encontrado allí a sus hermanos. Con el enigmático nombre de CANAÁN, se trataba de un foro con diversos temas, y un chat en el que Jeb había hablado con varios mutantes jóvenes de todas partes del mundo, hermanados por su enfado hacia el resto del mundo. Jeb había utilizado internet alguna vez para hablar de cine, de cómics, e incluso para algún ligue ocasional, pero nunca había tenido tanta impaciencia por conocer a alguien como cuando había entrado en CANAÁN.

Y allí estaba. Aquello colindaba con la propiedad de los Mahoney, y Jeb recordaba que había un viejo granero medio abandonado, donde creía que se encontraría con HoyFuria. Había tenido algún recelo, pero, en el fondo… Si surgía algún problema, tenía sus poderes eléctricos. Había oído hablar de grupos de extrema derecha que concertaban citas por internet con gays o con mutantes para luego apalizarles. Sonrió. Si ese era el caso, que lo intentaran. Jeb Guthrie camina hacia el viejo granero, mirando su móvil para mandar un whatsapp a su madre para decirle que está en casa de Howie Stanton, pero se encuentra con que no tiene cobertura.

-Puto Kentucky-masculla Jeb, devolviendo el móvil a su bolsillo. Si no avisa a su madre de que llegará tarde a casa, tendrá problemas. Suspira, y se dirige hacia el viejo edificio de madera roja, con las puertas mal cerradas. Empuja y tose, debido al polvo y al heno, y entra cubriéndose la boca y la nariz con la mano-. ¿Hola?

-¡Hola!-responden de inmediato desde dentro, y Jeb avanza. En medio, entre toda aquella paja, hay un chico, no mucho más alto que él, con vaqueros, deportivas y una sudadera azul oscuro con capucha y cordones rojos, que le cubre casi todo el rostro.

-¿Eres HoyFuria?­-pregunta Jeb, y el otro asiente.

-Sí, tú debes ser ChicodeCampo16.

Jeb asiente, y se acerca más, tendiendo una mano hacia el otro chico, que se la estrecha, aunque ni siquiera desde tan cerca, Jeb es capaz de verle el rostro completamente, como si lo tuviera difuminado.

-Lo que haces con la cara es… raro-dice, y tiene la sensación de que HoyFuria sonríe.

-Reamente no hay nada raro, es un gadget muy curioso, capaz de difuminar la refracción de la luz. Dificulta que se me vea la cara, tanto en vivo como cuando se me graba. Es uno de los regalos del maestro.

-¿El maestro?

-Sí, bueno. Nuestro filósofo. El ideólogo del grupo.

-Bueno, no tengo muy claro el concepto de grupo…

-Los humanos se agrupan para golpearnos. Nosotros hacemos lo mismo para defendernos.

-Eso suena muy Patrulla-X o Hermandad de Mutantes Diabólicos.

-No hay nada de Diabólico en nosotros, Jeb. Somos el futuro. Sólo eso.

-Un momento-dice Jeb Guthrie alarmado-. ¿Cómo sabes mi nombre? Yo no te lo he dicho nunca…

-No, no lo has hecho, pero es mi forma de demostrarte que sabemos quién eres, y que nos importas mucho, Jeb Guthrie… tú y los tuyos. Mucho.

-Yo te he visto antes-exclama él, dando un paso atrás-. Eres el tío del vídeo… el de Londres y Moscú…

-Así es. Soy Manifiesto.

-Tío, voy a llamar a la policía…-gruñe Jeb, haciendo que salten chispas eléctricas de sus dedos-. Apártate y estate quiero, si no quieres que te de un buen calambrazo…

-Eso no va a pasar-responde Manifiesto, y de pronto hay un centelleo tras Jeb. Algo plateado, y el mundo cae bajo sus pies, haciéndole gritar.

Cuando Jeb consigue abrir los ojos de nuevo, está tumbado en el suelo, en una habitación cromada, con las paredes de aspecto fluido. Manifiesto está allí, y Jeb está convencido de que hay más personas, aunque no las ve. Se incorpora, tambaleándose por el mareo y a punto de caer.

-¿Dónde estoy?-pregunta.

-Esto es Nueva Canaán-dice Manifiesto-. Nuestro lugar secreto. Aquí está el Maestro.

Sin más, Jeb Guthrie lanza una descarga eléctrica en dirección a Manifiesto, pero la energía se dispersa, como si estuviera encerrado en algún tipo de burbuja invisible. Vuelve a intentarlo, pero con el mismo éxito. Manifiesto sonríe detras de su máscara electrónica. Y entonces, alguien emerge de las sombras y habla.

-Normalmente estas cosas las hacemos con más calma, Jebediah Guthrie-dice el recién llegado, y Jeb le mira sorprendido. Ha visto antes esa cara, varias veces-. Pero necesitamos un golpe de efecto, y tú eres el elemento perfecto, muchacho. Tú y tu familia sois importantes, el legado genético de los Guthrie será recordado dentro de mil años. Genetraidores, afectos a la causa de los humanos…

-Deja en paz a mi familia, tío, ya hiciste suficiente…

-Esto te va a doler, Jebediah Guthrie-responde la persona que permanece en las sombras, pero cuyo rostro puede ver-. Puedes sentirte orgulloso, serás una llama resplandeciente en el futuro, el fuego en el que se encenderá el Caos.

Y en ese momento, Jeb siente un golpe brutal, aunque nada le toca. No es en su cuerpo… es en su mente… su cerebro arde con resplandor fulgurante de un ojo brillante…


Plaza del Cuatro de Febrero, Caracas, Venezuela.

-¿Y por qué estamos aquí?-pregunta Danielle, llevándose a la boca un bocado de arepa, empapado de guasaca y ají. A su lado, sentado en un banco mirando hacia el frente, hacia una de las confluencias de calles que salían a la plaza, Nathan se caló la gorra que ocultaba su cabello plateado, y se colocó las gafas de sol. Ambos iban vestidos de paisano-. ¿Cable?

-Tengo que comprobar algo.

-¿Y es tan secreto que no se lo podíamos contar a nadie? No me gusta esto, Cable. Esto es lo que no me ha gustado nunca de ti.

-Es sólo una corazonada, Danielle, no quiero preocupar a nadie innecesariamente. Probablemente sea solo un pálpito absurdo y podamos volver a Australia a tiempo de cenar. Les llevaremos la cena si te sientes más cómoda.

-No, realmente no-murmura Moonstar, y en ese momento, Cable se tensa como un cable de arco-. ¿Otro pálpito?

-Mira a esa chica-señala Cable con la cabeza, hacia una de las calles, por donde una muchacha de unos dieciséis años entra en la plaza. Lleva unas mallas negras, zapatillas de deporte, y una fina chaqueta de color amarillo, con el cabello recogido en una coleta larga, castaña.

-¿Quién es?

-Profesor, datos-dice Cable, y Danielle mira su reloj, conectado a la información central del Profesor en Australia. Los datos se vuelcan a su pantalla de inmediato.

SOFÍA MANTEGA. TEST GENÉTICO POSITIVO EN X. PODERES CONOCIDOS. MANIPULACIÓN CLIMÁTICA, GENERACIÓN DE VIENTO Y CORRIENTES TÉRMICAS. A.K.A DANZA DE VIENTO.

-Cable… la fecha de esos datos…

-Son de mi época, Danielle, de mi tiempo. Sofía terminará siendo una Mujer-X…

-¿Y vamos a reclutarla ya? Por Dios, es una niña, es… Un momento, Cable, ¿me estás diciendo que es…?

-Otra terrorista-masculla Cable-. Por todo lo sagrado, Danielle, sé quien está detrás de esto. Londres, Moscú, Caracas… lo he vivido ya. Todo esto ya ha pasado, en mi tiempo.

-¿Quieres decir que quién está detrás de esto viene de tu tiempo? ¿Del futuro?

-Quiero decir que sé quién es, porque ya lo hizo antes. Porque ya sembró de muerte la Tierra precisamente en ese orden. Londres, Moscú, Caracas, Karachi, Ciudad del Cabo, El Cairo, Bucarest, Los Ángeles, Montreal, Ciudad de Méjico… una tras otra fueron cayendo bajo sus ataques terroristas.

-Cable, no puede ser. Está muerto. Sé de quien hablas y está muerto…

-Profesor-dice Cable-. Necesito a X-Force aquí, prepara su transporte. Y recupera todos los datos que tengas disponibles sobre el Heraldo del Caos conocido como Nathan Dayspring Summers. Necesito todos los datos disponibles sobre Dyscordia…


1.- Traducido del ruso

2.- En el número anterior de X-Force.

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